Cómo salir de un grupo de WhatsApp sin que se entere nadie

Salir de un grupo de WhatsApp sin que se note es fácil si sabes cómo!

 

La nueva hornada de comportamientos y normas sociales relacionados con los grupos de mensajería instantánea dan para un libro de sociología de los gordos, pero en realidad, para salir de uno de estos grupos hay que ser valiente.

 

Primero tienes que pensar si es realmente necesario salir del grupo. ¿No basta con eliminar las notificaciones? Puedes desactivarlas entrando en el grupo, seleccionando el botón de información y ahí silenciar durante el tiempo que quieras.

 

Otra opción si el grupo no es realmente un problema, pero hay uno o varios participantes problemáticos es bloquearlos y dejarás de ver sus mensajes (y tampoco podrán contactar contigo). Esto hará el grupo un elemento mucho más manejable y quizá no haga falta abandonarlo. Pero si necesitas abandonarlo, te damos unos consejos.

 

Si estás en un grupo de WhatsApp en el que ya no te sientes a gusto por algún motivo, pero no quieres que tu salida sea causa de un momento dramático y prefieres irte por la puerta de atrás sin hacer ruido mientras todos duermen, hay una solución. De hecho, una de las soluciones más usadas es esa.

 

Método 1. Salirse en mitad de la noche mientras todos duermen. Por la mañana muchos tendrán tantas notificaciones que no se darán cuenta de forma inicial, aunque otros sí. Es posible que se comente tu salida dentro del que ya es tu ex-grupo, y que otros pueden ir a pedirte explicaciones por mensaje privado. Ahí te tocará lidiar.

 

Método 2. Sé una persona valiente, diles que no estás contento con la situación del grupo, que ya tienes muchos y que te distraen un poco e incluso puede que te causen estrés. Así que lo abandonas. No son ellos, eres tú. Un clásico de las relaciones sociales.

 

Método 3. Miente como si fueras un ministro. Tu teléfono se ha quedado sin memoria, vas a cambiar la SIM, WhatsApp se bloquea cuando abres este grupo, no te llegan los mensajes, etc. Imaginación al poder. Echar la culpa a motivos técnicos es un clásico.

 

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