Salvos para la gloria de Dios

La salvación es un regalo maravilloso de nuestro Padre celestial, y puesto que somos los beneficiarios, parecería como si fuéramos la razón principal por la cual Dios envió a su Hijo para salvarnos. Después de todo, nos amó tanto que no quería que pereciéramos. Si bien esto es cierto, lo más importante es que nos salvó para “alabanza de la gloria de su gracia” (Ef 1.6).

 

Cuando los pecadores son salvos, la gloria y la gracia de Dios se evidencian. La salvación que Él ofrece…

 

Destaca su generosidad (Ef 1.3). Dios no solo dio a su Hijo como sacrificio por nuestros pecados, también nos ha bendecido con bendición espiritual en el cielo.

 

Revela la misericordia del Padre (Ef 1.4). Él tomó la iniciativa en la salvación al elegirnos “antes de la fundación del mundo”. Su misericordia se extiende desde la eternidad pasada hasta la futura.

 

Enfatiza su santidad (Ef 1.4). Debido a que Dios es santo, su propósito es hacernos santos e irreprensibles para que podamos morar con Él para siempre. Este proceso de transformación comienza en nuestra conversión y se completará en nuestra resurrección.

 

Muestra el amor divino(Ef 1.4, 5). Rescatarnos de la condenación habría sido suficiente, pero por amor, nuestro Padre celestial eligió adoptarnos y hacernos parte de su familia.

 

Manifiesta la bondad de Dios (Ef 1.5). Nos salvó “según el buen propósito de su voluntad”, no por nuestra valía o buena conducta.

 

Nuestra mayor necesidad es conocer y amar al Dios que nos salvó, y a través de la salvación, llegamos a experimentar su gracia gloriosa.

 

 

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