Primer Aniversario del Museo Casa de la Escultura Freddie Cabral en Villa Consuelo

“Hablo de mí, porque es el hombre que tengo más a mano”. José de Unamuno

 

Por Freddie Cabral.- Inexorablemente el tiempo pasa, produciendo eventos que pueden calificarse como buenos, malos, excelentes, y otras variantes, según lo decida quien lo analice, incidan en un medio, comunidades, diferentes países, o a nivel mundial.

 

En el ámbito cultural concerniente a las artes plásticas, el 30 de mayo del año pasado, en Santo Domingo, República Dominicana, se inauguró el Museo Casa de la Escultura Freddie Cabral, centro cultural dedicado exclusivamente a las artes espaciales y tridimensionales.

 

Es difícil encontrar instituciones de esta naturaleza a nivel mundial, las razones principales pudieran ser que los escultores no abundan o porque el trabajo es arduo, costoso y en el plano mercantil no es el más atractivo, la mayoría de artistas se dedican a la pintura, el dibujo u otras.         

                                             

El origen del museo está concomitantemente ligado a mi infancia y vivencias: desde los cinco años comencé a realizar pequeñas figuras en barro, representando grupos familiares, madres protectoras, soldaditos, vaqueros, aves, peces y mamíferos, las realizaba con tanta facilidad que creía era inherente a todas las personas, también dibujaba con el mismo fervor; no estaba consciente de que la actividad que tanto me entretenía, sería mi razón existencial, ni que  tuvieran que ver con el arte, era la manera de jugar, de divertirme sumergido en una   incesante actividad lúdica.

 

                                      

En 1969, terminando el bachillerato entré a estudiar inglés en el Instituto Cultural Dominico-Americano, en el aula, como en todo lugar, experimentaba un deseo ardiente de dibujar, por tanto, siempre me acompañaba una libreta con hojas en blanco, tan pronto dejaba el foco de interés en el idioma, acudía al lápiz y no paraba hasta que un compañero me advertía del reinicio de las clases. 

                                                                                                                           

En una ocasión  la profesora me interrumpió: ¿Qué haces? Al mostrarle la libreta dijo ¡Eres un artista! Se trataba de Esperanza Ricart, una joven de mi edad. Al día siguiente haciendo un aparte me sorprendió al decir: Estudio en la Escuela de Artes del Instituto de Estudios Superiores (hoy Universidad APEC) si quieres puedo diligenciar una beca para ti. ¡Claro! Fue mi respuesta inmediata.

 

Puedes ir cuando quieras, te esperan, comunicó posteriormente. Una mezcla de alegría e incertidumbre me acompañaban en el recorrido, al llegar a la puerta del centro artístico, ver por primera vez caballetes, lienzos, alumnos pintando, percibir el agradable olor a óleo y trementina, exclamé  internamente. ¡Yo nací para esto!

 

Efectivamente, hubo un renacer en mi vida, puedo afirmar que a partir de ese momento surgió un nuevo ser, que  al paso del tiempo se va consolidando acorde con lo decidido hace más de 50 años. En ese recinto también  aprendí a valorar las obras de los demás, sentir disgustos si no estoy rodeado de obras de arte, surgiendo la afición coleccionista.

 

Recorriendo galerías y museo en Europa, donde estudié del 1980 al 1983, concebí  la idea de tener un espacio donde se pudieran exhibir obras personales y de otros creadores, en 1990, abrimos la galería Las Puertas de los Artistas,  permaneció durante trece años. Tras un nuevo periplo estadounidense -2003 / 2008- regreso con nuevas obras y otro proyecto más ambicioso, utópico quizás: crear un espacio exclusivo para las esculturas, artes espaciales y tridimensionales.

 

 

De continuar la historia con palabras escritas, podría ser muy extensa, se reduciría considerablemente recorriendo el Museo Casa de la Escultura Freddie Cabral, ubicado en la avenida Quinto Centenario 24, donde hay miles de piezas no solo del artista, también de mi hermano Leino Cabral y otros escultores nacionales y foráneos.

 

Desde la apertura tuvimos una nutrida concurrencia, programas con especialistas, visitas guiadas  los martes y jueves de cada semana, charlas, ingreso de estudiantes y estudios de la especialidad.

 

Hablo en pasado, porque con la aparición del Coronavirus todo ha cambiado, el lugar, aunque impecable, extraña los visitantes, las sonrisas y comentarios que surgían en torno a visto o aprendido.

 

Esperamos que la humanidad retome su rumbo, que surjan tiempos mejores, formulas pertinentes para que volvamos a interactuar sin temor, con la vitalidad que caracteriza a los seres vivos y la alegría de los dominicanos, que la escultura retorne a la función que está llamada a proyectar, que en los próximos aniversarios, también en la cotidianidad, podamos festejar, agradecer a la vida, el arte y la cultura. Lo deseamos.

 

 

 

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