Una vida valerosa

Cuando reconocemos la presencia de Dios con nosotros, la valentía comienza a crecer en nosotros. Sin el poder del Padre, encontraremos que las dificultades y el estrés nos agotan desde el punto de vista emocional, y nos afligen físicamente, dejándonos vulnerables a los ataques de Satanás.

 

Después de deambular durante cuarenta años, la nación de Israel estaba en ese estado. Deberían haber creído a los dos espías que confiaron en la presencia y el poder del Señor. Sin embargo, al dejar que su cobardía los dominara, la gente se puso del lado de los diez espías restantes, quienes afirmaron que los obstáculos que había en Canaán eran demasiado grandes (Nm 13.26-32).

 

Por el contrario, Pablo se enfrentó al tribunal romano después de soportar grandes dificultades, pero no temió, porque Dios estuvo a su lado y lo fortaleció. Los momentos de impotencia y debilidad en realidad son oportunidades para recibir el poder divino (Fil 4.13).

 

Rendirse a los propósitos de Dios es esencial para desarrollar valentía. Pablo sabía que el Padre celestial tenía un plan para cada acontecimiento en su vida, incluso los más difíciles. En vez de tratar de escapar de las pruebas, aceptemos la manera de actuar de Dios, para así encontrar la valentía que necesitamos.

 

 

Fuente: Encontacto.org

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