El llamado al servicio

Tres escritores del Nuevo Testamento iniciaron sus epístolas del mismo modo: “Pablo, siervo de Jesucristo… (Ro 1.1); “Simón Pedro, siervo y apóstol de Jesucristo…” (2 P 1.1); y “Santiago, siervo de Dios y del Señor Jesucristo…” (Stg 1.1). Se veían a sí mismos como humildes servidores.

 

El Señor nos pide una vida de servicio. Esto debería ser una perspectiva apasionante, pero muchas personas se obsesionan con la creencia de que no pueden ser tan buenas como los apóstoles. Una idea popular en la iglesia es que los siervos de Cristo son aquellos que están dedicados al ministerio a tiempo completo, y que todos los demás están solo tratando de llevar una vida correcta. Nada más lejos de la verdad. Todos somos servidores con un trabajo importante que hacer en el reino.

 

Algunos trabajos del reino parecen más importantes que otros, pero eso es solo porque los evaluamos con ojos humanos. Todo trabajo que haga avanzar el evangelio o que sirva a una necesidad, es valioso. No todas las personas pueden estar en un campo misionero lejano, pero todos podemos compartir el evangelio con un vecino. Algunas personas pueden cantar en el coro; otras pueden ayudar económicamente a alguien. Dios nos invita a hacer su obra en el mundo, ya sea una tarea grande o pequeña, y la cual hacemos al servir a nuestro prójimo.

 

 

Fuente: Encontacto.org

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