La Palabra de Hoy: Nuestra justicia

Cualquiera que se considere una persona bastante buena debería pensarlo mejor. Efesios 2.1 dice que venimos al mundo espiritualmente muertos, gobernados por Satanás, la mundanalidad y nuestra naturaleza pecaminosa. Desde la perspectiva divina, merecemos ser castigados.

 

Ahora bien, Dios es tan puro y santo que está separado de todo pecado. No puede mirar el pecado con ningún favor o aprobación (Hab 1.13). Todo lo que hace es puro y correcto, y en comparación, incluso las acciones justas de los hombres son como trapos de inmundicia (Is 64.6). Sin embargo, a pesar de que no tenemos nada de valor que ofrecer, el Señor nos quiere como suyos y obra para que nos acerquemos a Él.

 

Cuando ponemos nuestra fe en Jesucristo, somos vivificados espiritualmente en Él, y todos nuestros pecados son perdonados. ¡Qué contraste tan sorprendente entre lo que éramos antes y lo que somos ahora en el Señor! Pero este cambio no tiene nada que ver con lo buenos que hemos sido. Incluso la fe que ponemos en el Salvador viene de Dios. Nunca podremos hacernos dignos de su perdón; este es un regalo de Él. Y una vez que nos declare justificados, nunca más volveremos a ser declarados culpables.

 

 

Fuente: Encontacto.org

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