La Palabra de Hoy: Investidos de poder

El poder del Espíritu Santo, al que Cristo se refirió como “la promesa de mi Padre” (Lc 24.49), está disponible para todos los que han sido salvos por fe. Sin embargo, muchos creyentes descuidan el poder del Espíritu y tratan de hacer el trabajo de Dios con sus propias fuerzas.

 

Considere la diferencia entre un sedán y un auto de carreras. Ambos vehículos funcionan, pero lo que está debajo del capó del auto de carreras lo hace mucho más poderoso que el sedán. Esto es similar a la diferencia que existe entre confiar en nosotros y confiar en el Espíritu de Dios.

 

Pensamos a menudo que el poder del Espíritu Santo solo está a disposición de los pastores y misioneros, cuando no es así (Ef 1.19). Es más fácil de acceder cuando…

 

RECONOCEMOS NUESTRA INSUFICIENCIA. Esto significa aceptar que no podemos hacer nada sin el Señor Jesús (Jn 15.5).

 

ESTAMOS CONTRITOS. El pecado estorba el poder del Espíritu Santo, pero la confesión y el arrepentimiento mantienen la comunión con Dios.

 

ORAMOS CON FERVOR. El Espíritu Santo intercede por nosotros cuando venimos a Dios en oración (Ro 8.26, 27).

 

Cuando confiamos en que Dios nos dará la fortaleza para el trabajo que Él nos llama a hacer, estamos investidos de poder. ¿Está puesta su confianza en usted o en Dios?

 

 

Fuente: Encontacto.org

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