La Palabra de Hoy: La obediencia en medio del sufrimiento

¿Alguna vez se ha preguntado por qué Jesucristo tuvo que sufrir tanto cuando vino al mundo? Uno podría esperar que el Hijo de Dios tuviera una vida cómoda y una muerte rápida y fácil. Después de todo, ¿no habría pagado con su sangre nuestros pecados, tanto si se derramaba sin dolor o con una gran agonía?

 

El Señor se hizo humano para poder morir y pagar el terrible precio de la iniquidad de la humanidad. El dolor que experimentó refleja las grandes consecuencias de nuestra transgresión.

 
De hecho, todo el sufrimiento se origina en la entrada del pecado al mundo a través de Adán y Eva. Por lo tanto, nuestro Salvador también tuvo que sufrir para redimirnos del pecado y de su profundo daño.

 

El santo Hijo de Dios, que nunca se había rendido al pecado, luchó con la perspectiva de ser el portador del pecado en la cruz. Sin embargo, se sometió y “por lo que padeció aprendió la obediencia” (He 5.8). Y como fuente de salvación eterna, cumplió a cabalidad el plan de redención de Dios.

 

Cuando sea un desafío para nosotros obedecer al Señor, necesitamos la ayuda de Aquel que sufrió por nosotros. Si su obediencia tan dolorosa resultó en un beneficio tan grande, con toda seguridad nuestra obediencia también tiene un propósito.

 

 

Fuente: Encontacto.org

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