La Palabra de Hoy: La promesa de vida eterna

Nuestra sociedad está obsesionada por la longevidad. Aunque es natural desear muchos años saludables en este mundo, debemos recordarnos que la vida no termina con la muerte física. Lo más importante es el destino eterno.

 

Solo hay una manera de estar seguros de qué nos aguarda la vida en el cielo: debemos reconocer nuestra condición necesitada y pecaminosa, acudir a Cristo con fe y recibir el perdón de los pecados y el regalo de la vida eterna. Quienes lo hagan lograrán pasar la eternidad en la presencia del Señor, donde hay plenitud de gozo y delicias para siempre (Sal 16.11).

 

Quienes rechazan la oferta de salvación sufrirán el terrible destino de la agonía en el infierno y la separación completa del Dios vivo. Después de la muerte, no hay misericordia o gracia que pueda eliminar la brecha entre el infierno y el cielo. El asunto debe resolverse mientras estemos vivos en este mundo (Mt 25.45, 46; He 9.27).

 

Sabemos por medio de la Biblia que la vida eterna está ligada a Jesucristo. Como escribió el apóstol Juan: “El que tiene al Hijo, tiene la vida” (1 Jn 5.12). Alcanzar una vejez saludable es una meta loable, pero nada es más importante que recibir al Salvador y el regalo de la eternidad en su presencia.

 

Fuente: Encontacto.org

Shares