La Palabra de Dios: Revestidos con el Señor Jesucristo

La cultura moderna nos estimula a hacer lo que queramos, pero ese enfoque solo conduce a una vida de pecado. En contraste, se nos dice a los creyentes que no satisfagamos nuestros deseos naturales o carnales. Esto significa que no nos expongamos a la tentación, ni consideremos volver a los viejos deseos, actitudes y hábitos pecaminosos que teníamos antes de conocer al Señor.

 

Cuando yo era joven en la fe, oía hablar de la santificación y de “acabar con el pecado”. Pensaba que cuando fuera mayor tendría algún tipo de experiencia espiritual que libraría mi vida de malos pensamientos. Pero no es así como funciona la santificación. Este es un proceso de toda la vida en el que el Espíritu Santo nos transforma cada vez más a la imagen de Cristo.

 

Incluso después de tres años de acompañar al Señor Jesucristo, los discípulos no podían seguir su andar de fe por su propia cuenta. Tuvieron que esperar que el Espíritu Santo morara en ellos, quien les dio fuerza, dirección y sabiduría. Eso no ha cambiado; pues sin el Espíritu de Cristo no somos capaces de vencer los deseos carnales y vivir en obediencia a la voluntad de Dios. Pero cuando confiamos en Él en vez de en nosotros mismos, Dios produce deseos piadosos dentro de nosotros, nos capacita para ser obedientes y transforma nuestro carácter a la semejanza de Cristo.

 

Fuente: Encontacto

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