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La Palabra de Hoy: Dios está en control

En el salmo de hoy, David habla de un atributo fundamental de Dios: su soberanía. Esto significa que Dios tiene autoridad y control total sobre todos los seres humanos y cada aspecto del universo.

 

También significa que “suerte” y “buena fortuna” no tienen nada que ver con Él. Porque Dios es bueno, podemos tener plena confianza en su absoluto y misericordioso control sobre cada aspecto de nuestra existencia.

 

Cuando confiamos en la soberanía del Padre celestial, tenemos dos garantías. La primera es que Él está íntimamente involucrado en nuestra vida diaria. No importa lo que pase, el Señor nunca deja de proveer, proteger y cuidar a cada creyente. Él sabe lo que necesitamos para hoy y mañana.

 

La segunda garantía es que el Señor se ocupará en cada circunstancia para nuestro beneficio, ¡sin excepción! Cuando las situaciones son más exigentes, nuestra confianza puede flaquear, pero las Sagradas Escrituras prometen que “a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados” (Ro 8.28).

 

Nosotros no vivimos por casualidad. Como hijos del Dios soberano, vivimos seguros y bajo su control. Confíe en que Él le sacará adelante en cualquier prueba que enfrente en su camino.

 

 

Fuente: Encontacto.org

La Palabra de Hoy: Es bueno dar gracias

¿Alguna vez se ha preguntado por qué la Biblia nos dice una y otra vez que demos gracias al Señor?

 

La razón principal es porque Él lo merece. Dios le creó a usted y mantiene su corazón latiendo; por tanto, tratar de reclamar su vida como propia es una ingratitud. Dios le creó para que le ame, y también sacrificó mucho para hacerle libre de su pecado. Expresar gratitud honra al Señor, al reconocer todo lo que Él ha hecho.

 

La mayoría de nosotros admitiría que nuestras oraciones son egocéntricas. Venimos con nuestras peticiones, pero ¿cuánto tiempo pasamos dando gracias a Dios por lo que Él ya ha hecho? El salmista en la lectura de hoy nos aconseja que comencemos y terminemos cada día enfocándonos en la misericordia y fidelidad del Señor. Incluso si las últimas 24 horas trajeron algún dolor o sufrimiento, podemos expresar agradecimiento por la presencia de Dios.

 

La próxima semana, aparte tiempo para recordar lo que el Señor ha hecho por usted y exprese agradecimiento. Sea creativo y pruebe diferentes maneras de demostrar su gratitud: cante, alabe y adore con alegría a Dios. Cuando mantenemos el enfoque en Él, su benevolencia puede sostenernos todo el día.

 

Fuente: Encontacto.org

La Palabra de Hoy: Cómo marcar la diferencia

El Señor nos ha dado a los cristianos una responsabilidad maravillosa: nos ha llamado a realizar su obra aquí en el mundo. ¡Qué admirable que el Dios Todopoderoso, quien puede hacer todas las cosas, nos invite a atraer a las personas a Él, ayudar a sus hijos a alcanzar la madurez espiritual y ayudar a los necesitados!

 

Ser siervos del Señor significa que nos ponemos bajo su autoridad, prestamos atención a sus instrucciones y cumplimos con sus mandamientos. Con nuestras propias fuerzas, esta tarea es imposible, pero cuando nos sometemos a Dios y confiamos en Él, el Señor nos proporciona todo lo que necesitamos.

 

El Padre celestial siempre capacita a sus hijos. Comienza desarrollando en nosotros un carácter como el de Cristo. Luego, a medida que cooperamos con su Espíritu, Dios transforma un corazón egocéntrico, en el corazón de un siervo que se deleita en dar respuesta a las necesidades de otros. Y el Señor también da a cada creyente el don espiritual que necesita para realizar el trabajo que le ha encomendado.

 

Dios hace la invitación, y da las fuerzas y la capacidad. Todo lo que Él espera son servidores dispuestos a participar en la gran aventura. Únase al Señor, utilice sus dones espirituales y tenga un impacto para Cristo en este mundo.

 

 

Fuente: Encontacto.org

La Palabra de Hoy: Investidos de poder

El poder del Espíritu Santo, al que Cristo se refirió como “la promesa de mi Padre” (Lc 24.49), está disponible para todos los que han sido salvos por fe. Sin embargo, muchos creyentes descuidan el poder del Espíritu y tratan de hacer el trabajo de Dios con sus propias fuerzas.

 

Considere la diferencia entre un sedán y un auto de carreras. Ambos vehículos funcionan, pero lo que está debajo del capó del auto de carreras lo hace mucho más poderoso que el sedán. Esto es similar a la diferencia que existe entre confiar en nosotros y confiar en el Espíritu de Dios.

 

Pensamos a menudo que el poder del Espíritu Santo solo está a disposición de los pastores y misioneros, cuando no es así (Ef 1.19). Es más fácil de acceder cuando…

 

RECONOCEMOS NUESTRA INSUFICIENCIA. Esto significa aceptar que no podemos hacer nada sin el Señor Jesús (Jn 15.5).

 

ESTAMOS CONTRITOS. El pecado estorba el poder del Espíritu Santo, pero la confesión y el arrepentimiento mantienen la comunión con Dios.

 

ORAMOS CON FERVOR. El Espíritu Santo intercede por nosotros cuando venimos a Dios en oración (Ro 8.26, 27).

 

Cuando confiamos en que Dios nos dará la fortaleza para el trabajo que Él nos llama a hacer, estamos investidos de poder. ¿Está puesta su confianza en usted o en Dios?

 

 

Fuente: Encontacto.org

La Palabra de Hoy: Nuestra justicia

Cualquiera que se considere una persona bastante buena debería pensarlo mejor. Efesios 2.1 dice que venimos al mundo espiritualmente muertos, gobernados por Satanás, la mundanalidad y nuestra naturaleza pecaminosa. Desde la perspectiva divina, merecemos ser castigados.

 

Ahora bien, Dios es tan puro y santo que está separado de todo pecado. No puede mirar el pecado con ningún favor o aprobación (Hab 1.13). Todo lo que hace es puro y correcto, y en comparación, incluso las acciones justas de los hombres son como trapos de inmundicia (Is 64.6). Sin embargo, a pesar de que no tenemos nada de valor que ofrecer, el Señor nos quiere como suyos y obra para que nos acerquemos a Él.

 

Cuando ponemos nuestra fe en Jesucristo, somos vivificados espiritualmente en Él, y todos nuestros pecados son perdonados. ¡Qué contraste tan sorprendente entre lo que éramos antes y lo que somos ahora en el Señor! Pero este cambio no tiene nada que ver con lo buenos que hemos sido. Incluso la fe que ponemos en el Salvador viene de Dios. Nunca podremos hacernos dignos de su perdón; este es un regalo de Él. Y una vez que nos declare justificados, nunca más volveremos a ser declarados culpables.

 

 

Fuente: Encontacto.org

La Palabra de Hoy: Justicia y misericordia

La condición pecaminosa de la humanidad nos presenta un dilema: ¿cómo puede un Dios santo y justo perdonarnos? Si Él actúa con justicia, cada ser humano sufriría el castigo eterno que merecen sus pecados. Pero si en vez de hacer eso extiende misericordia, nadie pagaría la pena, y Dios dejaría de ser justo.

 

Solo había una manera en que el Señor podía mantenerse fiel a su naturaleza, y aun así perdonar nuestros pecados. La solución era derramar su ira sobre un sustituto. De esa manera, la pena por el pecado sería pagada, y Él podría extender misericordia a los pecadores, lo que se ajusta a ambos aspectos de su naturaleza divina. Por eso, Cristo vino como nuestro sustituto: Él tomó el castigo por nuestro pecado, permitiéndonos recibir la misericordia del Padre. Ahora, cuando una persona cree en el Señor Jesús puede ser justificada, es decir, declarada inocente. Esta es la mayor demostración del amor del Señor por nosotros.

 

¿Puede usted imaginarse el costo de su salvación? El plan del Padre y la cooperación voluntaria de su Hijo demuestran el tremendo valor que tiene usted a los ojos de Dios. Desde la perspectiva del Señor, usted vale todo el dolor y el sufrimiento que fueron necesarios para asegurar su presencia eterna con Él en el cielo.

 

 

Fuente: Encontacto.org

La Palabra de Hoy: Una vida de obediencia

Como cristianos, sabemos que debemos obedecer al Señor, porque la Biblia así nos lo dice. Pero no todas las obediencias son iguales, como cada padre puede testificarlo. Por amor, algunos hijos hacen voluntariamente lo que se les dice, mientras que otros obedecen aunque llenos de ira y resentimiento.

 

Jesucristo señaló cuál debería ser nuestra motivación cuando dijo: “El que me ama, mi palabra guardará” (Jn 14.23). Es nuestro amor por Cristo lo que debe alimentar nuestra obediencia. De hecho, la única razón por la que podemos amarlo, es porque Dios nos amó primero (1 Jn 4.19). Y aquí está lo mucho que el Padre se preocupó por nosotros, incluso antes de que tuviéramos interés en complacerlo, envió a su Hijo a cargar con nuestros pecados y morir en nuestro lugar para que pudiéramos ser perdonados. Y cuando recibimos a Cristo por fe, Dios derrama su amor en nuestro corazón a través de su Espíritu Santo (Ro 5.5).

 

El amor de Dios por nosotros y nuestro resultante amor por Cristo, nos motivan a obedecerlo en todo.

 

En vez de esforzarnos más por cumplir, tal vez deberíamos pedirle a Dios que nos dé más amor por Cristo, porque cuanto más lo amemos, mejor podremos dejarnos guiar por su voz.

 

 

Fuente: Encontacto.org

 

La Palabra de Hoy: ¡Problema resuelto!

La humanidad fue creada para tener una relación con Dios, pero dicha relación se rompió cuando el pecado entró en el mundo a través de Adán y Eva. Ahora cada ser humano está alejado del Señor. Sin embargo, la esperanza no está perdida, porque Él tenía un plan de salvación en marcha incluso antes de la creación: cuando llegara el momento adecuado, el Hijo de Dios pagaría el castigo por el pecado de la humanidad con su muerte expiatoria, abriendo la puerta para nuestro perdón y reconciliación con el Padre celestial.

 

Porque Él es misericordioso, Dios nos salva por medio de la fe en su Hijo. Luego nos da una nueva naturaleza, fortalecida por el Espíritu Santo que viene a vivir dentro de cada cristiano. El Espíritu transforma nuestro carácter a la imagen de Cristo y nos permite vivir en santidad y obediencia. Y algún día nos presentaremos ante nuestro Padre y seremos bienvenidos a nuestra herencia celestial.

 

Necesitamos estas verdades plantadas en nuestra mente para que podamos comprender no solo nuestra necesidad espiritual, sino también la bondad y el amor en el asombroso plan de salvación de Dios. Él ha demostrado su cuidado por nosotros cuando más lo hemos necesitado. ¿No proveerá Él, entonces, para cualquier otra necesidad en nuestra vida?

 

Fuente: Encontacto.org

La Palabra de Hoy: El don de profecía

Los dones espirituales son una tremenda bendición de Dios. Son dados a los creyentes para el bien de la Iglesia, que es el Cuerpo de Cristo. Pero se nos advierte que no pensemos más de nosotros mismos si tenemos uno de los dones más “impresionantes”. En otras palabras, es importante recordar que estas aptitudes nos fueron dadas para beneficio de otros, por lo que nunca debemos envanecernos.

 

Uno de los dones más visibles es el de profecía, que hoy en día se puede definir como la capacidad de decir la verdad de la Palabra de Dios. Los creyentes con este don suelen tener una fuerte perspectiva bíblica y la habilidad de manejar con precisión las Sagradas Escrituras. Son capaces de discernir las falsas doctrinas y poner sobre aviso al pueblo de Dios. Su deseo es promover la obediencia a la Palabra y abordar los problemas del corazón que podrían llevar a las personas al pecado.

 

Dado que el don de profecía es tan influyente, es esencial que quienes lo tienen sean humildes y estén motivados por el amor a Dios y a su pueblo. Pero esto también es cierto en relación a otros dones. Ya sea el de profecía o algún otro, la persona debe ejercerlo con una actitud piadosa. Después de todo, Pablo dice: “Y si tuviese profecía, y entendiese todos los misterios y toda ciencia, y si tuviese toda la fe, de tal manera que trasladase los montes, y no tengo amor, nada soy” (1 Co 13.2).

 

 

Fuente: Encontacto.org

La Palabra de Hoy: Dios siempre está con nosotros

¿Cuándo fue la última vez que sintió la presencia de Dios? Todos anhelamos experimentar su presencia de manera personal, por tanto, al no sentir su cercanía, podemos llegar a pensar que algo está mal en nuestra relación. Pero eso no es necesariamente cierto.

 

En el Antiguo Testamento, Dios se le apareció a profetas como Moisés, Jeremías e Isaías para darles mensajes para su pueblo. Hoy en día, la revelación de Dios está disponible para nosotros en su Palabra escrita. Además, el Consolador habita en los que hemos creído en Cristo: el Espíritu Santo siempre está con nosotros, aunque, por lo general, no estemos conscientes de Él. A veces sentimos su presencia en mayor o menor grado, pero esto no es algo que podamos orquestar o manipular.

 

Recuerde que estamos llamados a caminar por fe, no por vista. El Señor nos ha asegurado que Él estará con nosotros siempre, hasta el fin de los tiempos (Mt 28.20). Por tanto, en esos días cuando no pueda sentir su presencia, trate de confiar en esta verdad. Ella le sostendrá con fuerzas para servir, con fortaleza en las dificultades, y le dará consolación en el sufrimiento.

 

 

Fuente: Encontacto.org