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La Palabra de Dios: La solución para los celos

¿Alguna vez se ha preguntado cuál es el origen de la envidia? En la superficie, puede parecer una reacción que ocurre cuando queremos algo que otra persona tiene. Pero, en realidad, es resentimiento hacia Dios por no habernos dado lo que le dio a otra persona.

 

Los celos surgen de un corazón dominado por:

LA CODICIA. Nos volvemos descontentos con lo que Dios nos ha dado, y queremos lo que tienen otras personas, creyendo que eso nos hará felices.

 

EL EGOÍSMO. Nos comparamos con los demás y, en vez de alegrarnos con ellos, nos concentramos en nuestra propia vida y en lo que no tenemos.

 

EL ORGULLO. Ver el éxito de otros nos hace sentir incompetentes y, en un intento por confortarnos, los menospreciamos a ellos y a sus logros.

 

Los celos y la envidia pueden causar un gran daño a las relaciones y a la salud espiritual. Por eso es importante actuar con rapidez, corrigiendo esas actitudes antes de que se conviertan en un hábito. En la primera percepción de tal manera de pensar, confiéselo como pecado y reconozca el derecho que Dios tiene de bendecir a otra persona con abundancia. Luego, exprese gratitud por lo que el Señor le ha dado, y pídale que le ayude a alegrarse con otras personas a quienes Él ha bendecido.

 

Fuente: Encontacto.org

La Palabra de Dios: La lucha con los celos

Los celos son una emoción de desagrado por el bienestar de otra persona. Compararnos con los demás nos lleva al descontento, al resentimiento y a la amargura. Si estas emociones negativas se mantienen sin control, pueden envenenar nuestras relaciones. Además, tienen el poder de acabar convirtiéndose en recelo, hostilidad e ira.

 

Esto fue lo que le sucedió al rey Saúl. Sus celos le hicieron desconfiar de David, quien le había servido con fidelidad. La actitud envidiosa de Saúl lo volvió hostil y a un comportamiento irracional, tanto así que arrojó una lanza a David mientras el joven tocaba música (1 S 18.10-12). En vez de estar agradecido por la lealtad y el servicio constante de David, el rey le pagó con animosidad y amenazas de muerte. Como resultado, al final David se vio obligado a huir y esconderse en el desierto (1 S 23.15-26).

 

Los celos no son algo que se pueda excusar o justificar. Pídale al Señor que examine su corazón y le muestre si alguno de estos indicios de celos está presente en su vida. Si es así, confiéselo como pecado y pídale a Dios que lo arranque de su corazón. Luego, concéntrese en la fidelidad del Padre celestial, en vez de compararse con otros.

 

 

Fuente: Encontacto.org

La Palabra de Dios: Dios actúa a favor nuestro

El Señor es un Dios de acción. Incluso cuando descansó después de seis días de la creación, no fue porque estuviera cansado y necesitara recuperarse; su actividad creativa pudo haber cesado, pero Él nunca dejó de trabajar. Y a lo largo de la historia, Dios siempre ha estado involucrado en la vida de cada ser humano sin descuidar jamás el control sobre el universo.

 

A veces, sin embargo, puede parecer que no se preocupara por nosotros, cuando nuestras oraciones no reciben respuesta inmediata. Pero debemos recordar que eso no significa que Dios no esté obrando. Él sigue participando de forma activa, pero de maneras que no siempre son visibles. Él controla las circunstancias, cambia el corazón de las personas y protege a sus hijos de tomar decisiones imprudentes. Los tiempos de espera son oportunidades para que nuestro carácter, obediencia, fe y servicio crezcan.

 

Al decidir de manera intencional confiar y depender de Dios, en vez de dudar de Él, usted está cooperando con su proceso de crecimiento espiritual. Solo el Señor sabe lo que usted necesita y cuándo lo necesita. Cobre ánimo, al saber que Dios tiene previstas cosas buenas para los que esperan en Él (Is 64.4). Incluso si no recibe de manera específica lo que pidió, la respuesta del Padre celestial será para el bien eterno de usted y la gloria de Él.

 

Fuente: Encontacto.org

La Palabra de Dios: Las herramientas con las que Dios nos moldea

La bondad de Dios se demuestra por el hecho de que Él no nos deja en la condición en la que estábamos antes de la salvación. A lo largo de la vida, el Señor usa ciertas herramientas para moldearnos a la imagen de su Hijo.

 

LA ESPADA DE DIOS. Crecemos en Cristo cuando pasamos tiempo leyendo la Biblia, porque ella es el alimento que nutre nuestra alma (Mt 4.4). Sin embargo, algunos cristianos dependen solo de la comida de la Palabra servida por un pastor.

 

LA ORACIÓN. Aprendemos a depender del Señor acudiendo a Él con nuestras necesidades y preocupaciones, así como con nuestra alabanza y gratitud. Nuestra confianza y amor por Él crecen a medida que pasamos más tiempo en oración. En lugar de ver la oración como un deber, nos daremos cuenta de que nuestro tiempo con el Señor se ha convertido en un deleite.

 

LA IGLESIA. El cuerpo de creyentes es otro factor importante en nuestra transformación, allí es donde aprendemos a amarnos unos a otros, donde encontramos aliento, recibimos instrucción bíblica y rendimos cuentas de nuestras acciones.

 

Nuestra sociedad no tiene escasez de voces y presiones mundanas que llenan la mente e influyen en la conducta. Pero cuando programamos de manera intencional el tiempo para Dios, su Palabra y su pueblo, Él hace su obra de transformación en nuestras vidas.

 

Fuente: Encontacto.org

La Palabra de Dios: La buena noticia acerca de la muerte

La Biblia enseña que la muerte es solo el comienzo para los creyentes. Dios ha preparado un hogar eterno para nosotros, y la condición para entrar es clara: creer que Cristo murió por nuestros pecados para recibir su perdón. Hay quienes consideran que esto es fanatismo e injusto. Pero el Padre celestial estableció esa condición por una razón.

 

En el huerto del Edén, el Señor estableció una regla para proteger su creación: “no me desobedezcan”. El pecado era un asunto tan serio a sus ojos que decidió que merecía la pena de muerte. Sin embargo, desde la transgresión de Adán y Eva hemos seguido el camino del pecado porque somos seres humanos imperfectos. Y Dios lo sabía. Así que, para salvarnos de las consecuencias del pecado, envió a su Hijo a morir en nuestro lugar. Jesucristo cumplió la ley mientras recibía nuestro castigo, y tres días después resucitó.

 

Dios prometió en su Palabra que aquellos que reciban al Señor Jesucristo como Salvador participarán de su resurrección. Cuando un creyente muere, las puertas celestiales se abren y tiene el mismo triunfo sobre la muerte que tuvo el Señor. En otras palabras, cuando dejamos este mundo, no desaparecemos; por el contrario, seguimos adorando al Señor en el cielo.

 

Fuente: Encontacto.org

La Palabra de Dios: La fe «Un enfoque firme»

Permanecer en la voluntad de Dios requiere un enfoque firme y lleno de fe. La vida de José es un buen ejemplo. Los hermanos de José lo odiaban tanto que lo vendieron a una caravana que se dirigía a Egipto. Allí se convirtió en el esclavo de Potifar, capitán de la guardia de Faraón. José cumplió sus deberes con excelencia y, como resultado, fue promovido para supervisar la casa de Potifar, mientras mantuvo su mirada centrada en el Señor.

 

Nuestro enfoque nos ayuda a elegir la santidad sobre la tentación. La esposa de Potifar intentó seducir a José, pero él rechazó sus insinuaciones. Cuando se negó a pecar contra Dios (Gn 39.9), ella lo acusó falsamente y le creyeron sus mentiras. Así que Potifar lo encarceló, sin tomar en consideración lo responsable que había sido en su trabajo. Si hubiéramos estado en el lugar de José, le habríamos preguntado al Padre celestial por qué lo permitió. Sin embargo, José aguantó y continuó creyendo que Dios no lo había abandonado ni que había perdido el control de la situación.

 

En momentos de estrés, descubrimos cuánto confiamos de verdad en el Señor. Si la duda sobre sus promesas se arraiga en nuestro pensamiento, eso puede desviarnos del camino elegido para nosotros. Pero con una fe firme, podemos reconocer la presencia de Dios y perseverar donde sea que estemos.

 

 

Fuente: Encontacto.org

La Palabra de Dios: Confiar en Dios en los tiempos difíciles

Si usted sigue las noticias, sin duda se habrá enterado de historias aterradoras de agitación política, amenazas mundiales y catástrofes naturales o provocadas por el hombre. Aunque las personas que le rodean pueden estar temerosas y estresadas, no hay razón para que un hijo de Dios se sienta así. Para los cristianos, el Señor es un refugio y una ayuda muy presente en las tribulaciones (Sal 46.1).

 

Aunque el pasaje de hoy describe una variedad de desastres, la intención del escritor no fue, sin duda alguna, causar temor. Más bien, estas palabras son un recordatorio de la supremacía de nuestro Padre celestial sobre todo lo que sucede, de su protección, y de la victoria final que resultará en el gobierno de su reino en la Tierra. A la luz de esto, se nos exhorta a que dejemos de preocuparnos y de afanarnos por protegernos; que en vez de eso, confiemos en Él. Nuestra serenidad y seguridad no se encuentran en correr tratando de asegurarnos de que estaremos a salvo, sino en conocer a Dios. Sea cual sea el problema que experimentemos, Él puede ayudarnos a superarlo.

 

La clave para enfrentar con valentía el futuro es la confianza en el Señor. Él es nuestro refugio, fortaleza y ayuda en las dificultades. Para confiar más en Él, lea los Salmos, y busque palabras y frases que afirmen la protección, inmutabilidad y cuidado del Señor.

 

Fuente: Encontacto.org

 

La Palabra de Dios: La pasión por obedecer

Ayer hablamos de lo que significa la obediencia apasionada, y cómo se desarrolla con el tiempo. Los apóstoles llegaron a la cima de la obediencia. Sin ser motivados por el miedo o la esperanza de recompensa, enfrentaron la vergüenza, el dolor y la muerte. ¿Por qué? Porque su amor por Cristo era tan grande que no podían mantenerse callados.

 

Las personas que reciben la salvación y después se cruzan de brazos, contentas de que irán al cielo cuando mueran, no han entendido el asunto. La salvación no se trata solo de ir al cielo; también nos permite ser usados para la gloria de Dios en este mundo. El Señor vive a través de nosotros para que podamos tocar la vida de otros.

 

Las limitaciones autoimpuestas y la pasión por obedecer a Dios no pueden coexistir. La vida puede parecer más fácil si elegimos cuándo vamos a obedecer al Señor, pero esa clase de vida nunca será satisfactoria.

 

La pasión por obedecer comienza con la devoción. Nuestra dedicación puede basarse al principio en la recompensa, lo cual es comprensible porque la bendición es parte de la obediencia. Pero a medida que maduremos, experimentaremos desafíos cada vez más difíciles en relación con nuestra obediencia. Entonces nuestra devoción también crecerá hasta que también podamos regocijarnos cuando suframos por amor a Cristo.

 

Fuente: Encontacto.org

La Palabra de Dios: La obediencia apasionada

La pasión por obedecer a Dios no es algo natural. La salvación puede despertar amor y deseo de complacerlo, pero un fuego apasionado se construye poco a poco con la madera del conocimiento espiritual, la fe y la devoción a Dios.

 

La obediencia suele comenzar con el temor a sufrir las consecuencias de desobedecer. Es decir, los creyentes nuevos pueden tratar de evitar repercusiones, hasta que descubren mejores razones para obedecer al Señor. A medida que maduramos y construimos un fundamento bíblico, el temor es reemplazado por el reconocimiento de la soberanía de Dios y el sometimiento a su sabiduría.

 

Una vez que experimentamos su bondad, aprendemos que la obediencia y lo mejor de Dios van de la mano; la bondad se deriva de obedecer los mandamientos divinos, mientras que el sufrimiento resulta cuando exigimos seguir con nuestro propio camino. Este principio irrevocable se manifiesta tanto en la Biblia como en la vida cotidiana, y cuanto más lo observamos, más nos damos cuenta de que la voluntad del Señor es la elección más sabia.

 

Las bendiciones que promete el Señor no son para que le sigamos y luego enfrentemos situaciones atemorizantes. Sin embargo, ahí es donde entra el amor por nuestro Padre, ya que nos impulsa a obedecer sin importar lo que esté en juego.

 

 

Fuente: Encontacto.org

La Palabra de Hoy: El poder de la firmeza

Vivimos en un mundo que evita asumir compromisos, donde la perseverancia es poco común. Si un trabajo es difícil o aburrido, la gente suele pensar: ¿Por qué no buscar otro? O cuando un matrimonio se vuelve infeliz, muchos se preguntan: ¿Debería estar con otra persona?

 

Dicha mentalidad también se encuentra entre los creyentes. A la primera señal de conflicto, algunos cristianos saltan a otra iglesia en vez de resolver el problema. Y cuando se trata de nuestro andar personal de fe, pocos pueden mantener la disciplina de tener un tiempo devocional con Dios.

 

Daniel fue un hombre de lealtad permanente. Ni siquiera la conciencia de que podía llegar a morir por obedecer a Dios impedía su práctica de orar tres veces al día. Tal compromiso con el Señor era notado por otros. Funcionarios y gobernadores envidiosos aprovecharon la constancia de Daniel para atraparlo, pero el rey hizo una declaración notable: “Tu Dios, a quien sirves con perseverancia, Él te librará” (Dn 6.16). Es evidente que creía que la devoción de Daniel lo liberaría.

 

La victoria de Daniel en el foso de los leones tuvo una gran influencia, ya que inspiró el decreto del rey de adorar al Señor. ¿Ha considerado que el Señor pudo usar a Daniel por su obediencia y adoración inquebrantables? Imagínese lo que Dios hará con usted al comprometerse con Él.

 

 

Fuente: Encontacto.org