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Viviendo para deleitarnos en las promesas del hijo de Dios

Dame, hijo mío, tu corazón, y que tus ojos se deleiten en mis caminos. Proverbios 23: 26 

 

Cuando vamos a la presencia de Dios no podemos ir con altivez sino con humildad, dispuestos a que Él escudriñe nuestro corazón y nos diga cómo está delante de Él. Si hay heridas, dolor, recuerdos no gratos, resentimientos, que nos los muestre, para nosotros ver la oscuridad en la cual estamos sumergidos, que no nos permite ver la luz y vivir en libertad. Porque ese pasado nos mantiene esclavizados a yugos que no nos pertenecen y que fueron rotos en la cruz del Calvario. Por eso tenemos que ser sinceros y no escapar de una realidad que se hace imposible de enfrentar por nosotros mismos.

 

Hablemos con Dios y mostrémosle nuestro corazón para que Él nos sane y nos libere, porque no podemos seguir en las mismas condiciones que años anteriores. Este nuevo año que se aproxima tiene que ser totalmente diferente, viviendo para deleitarnos en las promesas del Hijo de Dios y afirmándonos en cada una de ellas.

 

No permitamos que ni tan siquiera una nube pueda ocultar lo que el Padre ha decretado, porque entonces nuestro corazón siempre estará a Sus pies.

 

No tengamos miedo ante estos ataques

Jesús les dijo: ¿Por qué están tan asustados? ¡Qué poco confían ustedes en Dios! Jesús se levantó y les ordenó al viento y a las olas que se calmaran, y todo quedó muy tranquilo. Mateo 8: 26

 

Cuantos desafíos tenemos que enfrentar para poder hacer la voluntad de Dios por la oposición tan tenaz que nos hace el enemigo, el cual, si no tenemos la fe de quién fue que nos llamó, nos haría desistir y no continuar. Para esto tenemos que prepararnos y conocer a nuestro adversario, el cual no se quedará tranquilo. En el momento menos esperado nos hará la guerra, sin contemplación, para que abortemos el plan de Dios.

 

Mas no ha de extrañarnos; porque hasta el mismo Jesús pasó por esto en múltiples ocasiones, pero nada pudo vencerlo, porque Él sabía quién lo había llamado y lo que tenía que hacer para no dejarse amedrentar por los ataques del maligno. Como fue el caso cuando Jesús se disponía a ir a Gadara. Se desató una tormenta tan grande que las olas cubrían la barca. Los discípulos estaban aterrados y Le suplicaban que los salvara, que estaban hundiéndose.

 

Jesús les preguntó, “¿Por qué tanto miedo?”. Él no se explicaba como ellos, que conocían el poder de Dios, se comportaban de esa manera. Entonces les dio una enseñanza al darles una orden al viento y al mar, los cuales quedaron paralizados al instante.

 

No tengamos miedo ante estos ataques. Tan solo levantemos la voz y ordenemos que se detengan, porque nada impedirá la voluntad que ha sido establecida por Dios.

 

Cuando le damos lo primero Él respalda todo lo demás

Traerás a la casa del Señor tu Dios las primicias de los primeros frutos. Éxodo 34: 26

 

Dios dio un mandamiento al pueblo de Israel, el cual tenía que sacar anualmente los primeros frutos de la cosecha, año tras año. Ellos seleccionaban los mejores frutos y los llevaban como primicia a la casa de Dios, entregándosela a los sacerdotes, porque de esta forma honraban a Dios. Entonces Él bendecía y multiplicaba el resto de la cosecha; porque cuando le damos lo primero Él respalda todo lo demás. Por eso, no podemos olvidarnos de este principio para que lo apliquemos en nuestra vida.

 

Dejemos la mentalidad del mundo que hace que demos a Dios lo que nos sobra o lo que no necesitamos. Por eso vemos a Caín, el cual no se preocupó por la ofrenda que iba a presentar a Dios; pero Abel escogió los mejores primogénitos de sus ovejas y los más gordos. Esta fue la que Le agradó a Él.

 

Saquemos para Dios lo primero y lo mejor de todo, no dejándolo para después; porque de esta manera estamos asegurando la bendición y la multiplicación en todo. Démosle la mejor alabanza, la mejor adoración, las mejores ofrendas, las primeras horas del día, para que veamos al Dios que nos respalda por haberle agradado la primicia que Le dimos.

 

¡No calles!, porque Él nos ha dado autoridad sobre reinos y naciones

Yo pongo mis palabras en tus labios. Jeremías 1: 9

 

El enemigo ha tratado por todos los medios de callar nuestra boca para que no decretemos la Palabra de Dios, manteniéndonos en silencio, y de esta forma tenernos dominados. Porque cuando declaramos la Palabra los Cielos se abren, los yugos se rompen, los muros son derribados y las tinieblas tienen que huir. No pueden resistir el poder que tiene, porque la Palabra es martillo que despedaza la roca.

 

Para esto tenemos que ser valientes, recordando la palabra que Dios dio a Jeremías cuando le dijo: “He puesto mis palabras en tu boca para arrancar, derribar, destruir, para edificar y plantar”. Por eso tenemos que abrir nuestra boca para arruinar los planes del enemigo, y abrirla para plantar las promesas del Altísimo.

 

Declaremos cada mañana que los poderes del infierno que vienen en contra de nosotros están atados, y desatemos la bendición que desciende del tercer Cielo. Veremos a los ángeles peleando a favor de nosotros, por la Palabra que ha salido de nuestra boca para que se cumpla ¡No calles!, porque Él nos ha dado autoridad sobre reinos y naciones.

 

Mayores cosas haríamos en Su nombre

Conquistemos la tierra que por herencia nos pertenece

Pero a mi siervo Caleb, por cuanto hubo en él otro espíritu, y decidió ir en pos de mí, yo le meteré en la tierra donde entró, y su descendencia la tendrá en posesión. Números 14: 24

             

No podemos conformarnos con lo que estamos haciendo. Necesitamos tener un espíritu de conquistador, el cual siempre tenga metas y nos desafíe todos los días hasta alcanzarlas. Hagamos cosas que nadie se ha atrevido hacer, y ni siquiera a imaginarlas, porque esto es lo que hace un conquistador.

 

Él emprende, planifica y ejecuta lo inalcanzable porque no se permite ser uno más del montón. Su espíritu ante nada le permite detenerse, sino que lo impulsa a buscar soluciones que lo lleven a su propósito en Cristo Jesús, pues no concibe que pase un día igual al de ayer. Todos sus días están llenos de expectativas.

 

Pero las iglesias están llenas de hombres y mujeres viviendo sin expectativas, esperando que los días marquen sus vidas y no ellos marcar los días por lo que conquistaron. Así fueron Josué y Caleb; marcaron la historia por atreverse a hacer lo que los demás no quisieron hacer.

 

Conquistemos la tierra que por herencia nos pertenece. No importa si hay gigantes; el conquistador se los come como pan, y nada lo detiene ante la meta que se ha propuesto conquistar.

 

 

Aunque el fuego haya sido aumentado para destruirnos, nuestro Dios nos salvará

Jesús vino a romper con todo lo que se llame costumbre, tradición, cultura

La maldad está dispuesta a lo que sea

Dalila habló así a Sansón: Dime, por tu vida: ¿En qué consiste tu grandísima fuerza? Jueces 16 :6

 

La maldad está encubierta, y se nos hace difícil darnos cuenta de aquellos que atentan contra nosotros. Ésta se viste y se nos presenta hermosa, dispuesta a engañarnos como hizo la serpiente con Eva. Así que no podemos descuidarnos, porque la maldad está dispuesta a lo que sea y no tiene misericordia, pues su objetivo es destruirnos. Se valdrá de todo con el fin de lograr su propósito.

 

Por eso es tan importante que tengamos una relación íntima con Dios, para que nuestros sentidos espirituales estén abiertos y no dejemos que el mal prospere. Podemos desenmascararlo a tiempo para deshabilitar sus planes y dejarlos sin efecto. Porque una distracción puede costarnos la vida. Sin embargo, podemos evitarlo, para que no nos suceda como a Sansón, el cual creyó en Dalila y perdió la unción.

 

Él era un hombre escogido por Dios para matar filisteos, pero se dejó engañar tan fácilmente por una mujer, quien lo sedujo con sus encantos. Abramos nuestros ojos, y siempre preguntemos al Señor que nos muestre las verdaderas intenciones de los que están cerca de nosotros. Si es una Dalila, antes de que active su plan ya nosotros estaremos esperando, con toda la autoridad y el poder en Cristo Jesús, para desenmascararla.

 

Fuente / Iglesia Monte de Dios

Dispuestos a todo para que Jesús vea nuestra necesidad

Al enterarse de que era Jesús de Nazaret el que pasaba, empezó a gritar: ¡Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí! Marcos 10: 47 

 

No podemos ser tan pasivos en los caminos de Dios. Al contrario, tenemos que estar llenos de osadía, atreviéndonos a hacer lo que sea con el fin de llamar la atención de Jesús. Como hizo el ciego Bartimeo, el cual se encontraba junto al camino y, cuando se enteró de que Jesús estaba ahí, alzó su voz para que lo viera. Él hizo que Jesús se fijara en él y, aun cuando la gente lo mandaba a callar, él gritaba más fuerte, sin importarle lo que pensaran los demás. Sabía que solamente Jesús podía hacer el milagro.

 

Esto nos enseña que debemos ser como Bartimeo y olvidarnos de lo que piensen o dejen de pensar los otros. Porque si actuamos por lo que dirán, nunca nos atreveremos a hacer algo que ponga en duda nuestra reputación.

 

Por esta razón, debemos ser valientes y, si alguien quiere detenernos, no debemos hacerle caso. Al contrario, tenemos que demostrarle que estamos dispuestos a todo para que Jesús vea nuestra necesidad e intervenga de inmediato; que nos libere de los yugos que nos tienen atados.