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No nos conformemos con lo que somos

Mi Padre es glorificado cuando ustedes dan mucho fruto y muestran así que son mis discípulos. Juan 15: 8

 

La vida que llevamos es un reflejo de nuestra relación con Dios. Si nuestra vida es desorganizada, vacía, seca, en esa misma condición está nuestra vida espiritual. Si al contrario, nuestra vida está centrada en la oración y dependemos de ella, el resultado es glorioso, porque la oración es la que nos enseña a ser discípulos de Cristo.

 

Un discípulo es uno que imita, e imitamos al Hijo de Dios hecho carne; es decir a Cristo, el cual alcanzó una relación perfecta con Su Padre Celestial, demostrando que Su vida fue el resultado de vivir en la Presencia de Dios. Y esta hizo que se mantuviera alineado al Cielo.

 

Dios nos ha llamado a dar muchos frutos, pero solamente nuestra relación con Él puede dárnoslos y cambiar nuestra condición. No nos conformemos con lo que somos, porque nuestra vida será mejor como resultado de una relación íntima con Él.

 

 

Despiértate cada mañana

Todas las mañanas me despierta, y también me despierta el oído, para que escuche como los discípulos. Isaías 50: 4

 

Cada día nos envolvemos más en los afanes del mundo y nos olvidamos de establecer un orden en nuestras vidas. Al establecerlo, podemos distribuir nuestro tiempo y cumplir con cada una de las obligaciones, las cuales son necesarias para nuestro desarrollo espiritual.

 

Es necesario que aprendamos a priorizar y darle el lugar a Dios en nuestras vidas, levantando un altar de oración donde todos los días nos encontremos con Él. Esta debe ser nuestra primera prioridad, la cual por nada se cambia ni se deja.

 

Dios está en Su mismo lugar esperando que cambies tus prioridades y puedas entender que buscando Su presencia nuestros días están asegurados. Despiértate cada mañana buscando al que quiere hablarte y decirte todas las cosas que necesitas, para que te vaya bien todos los días.

 

 

Apartémonos del pecado

No se engañen ustedes: nadie puede burlarse de Dios. Lo que se siembra, se cosecha. Gálatas 6: 7

 

Dios impuso leyes para que nosotros las cumpliésemos y las respetáramos. No hacerlo nos lleva a la muerte espiritual; esta nos separa de Su presencia y de Su cobertura, quedándonos sin protección espiritual.

 

Seguir pecando deliberadamente nos hace pensar que el precio que tuvo que pagar no tiene valor. Cada pecado es una herida en Su cuerpo, la cual tiene que dolernos igual que a Él. Justificar lo que hacemos no tiene sentido, porque Él nos dio la autoridad para salir del pecado y no volver a él.

 

Necesitamos tener en nuestro corazón el dolor de la cruz, para no hacer lo que muchas veces hacemos y no es bueno para Dios. No nos engañemos más. No es un asunto de tiempo; es asunto de tomar una decisión, jamás volver a hacerlo. No tomar una decisión correcta afecta grandemente el matrimonio, los hijos, el ministerio y nuestra vida, porque lo que estamos sembrando esto mismo recogeremos en cada uno de ellos.

 

Apartémonos del pecado y dejemos que Su presencia siempre nos acompañe.

 

 

Cuidemos nuestros pasos

Cuando vayas a la casa de Dios, cuida tus pasos y acércate a escuchar en vez de ofrecer sacrificio de necios, que ni conciencia tienen de que hacen mal.  Eclesiastés 5: 1

 

La casa de Dios es el lugar donde mora Su presencia. Muchos no conocen esto y la irrespetan con sus actuaciones y actitudes, porque no saben que es sagrada, pero todo lo que hacemos en este lugar debe ser para honrarlo.

 

Debemos respetar hasta con el pensamiento, porque de esta manera Lo honramos. Su casa es el lugar donde Él se manifiesta, nos habla, exhorta, sana, libera, corrige, disciplina y todo cuanto Él quiera hacer. También es donde nosotros venimos a adorarle, alabarle, glorificarle, gemirle, clamarle y a entregarnos en cuerpo, alma y espíritu, para que Él vea nuestro corazón y la necesidad espiritual de ser cambiados y transformados.

 

Comportarnos como necios demuestra lo que es Dios para nosotros. No podemos seguir fingiendo que estamos en comunión con Él, siendo mentira. Él no quiere una alabanza de labios sino de corazón. Cuidemos nuestros pasos y démosle verdadero sacrificio, porque Dios no puede ser burlado.

 

Fuente / Iglesia Monte de Dios

Ayudar a los necesitados

El que ayuda al pobre no conocerá la pobreza; el que le niega su ayuda será maldecido. Proverbios 28: 27

 

La disposición de nuestro corazón debe ser siempre ayudar. No importa nuestra condición sino la actitud que tengamos para hacerlo. Miremos la situación de los demás y cómo nosotros podemos ayudarlos.

 

Dios está buscando quienes pueden corresponder con la carga y llevar la provisión al necesitado. Necesitamos ser canal de bendición y hacer la voluntad de Dios. En medio de la crisis financiera Dios siempre levanta un José que va a bendecirnos; y aunque la crisis se extienda, la provisión se multiplicará para ayudar por el tiempo que sea necesario.

 

Que nazca hoy en nuestro corazón el mismo sentir de Cristo Jesús de ayudar a los necesitados, y extendámonos un poco más, compartiendo con ellos de todo lo que Él nos da.

 

Fuente / Iglesia Monte de Dios

 

La teoría sin la práctica no resulta

Hijo mío, pon en práctica mis palabras y atesora mis mandamientos. Proverbios 7: 1

 

A nosotros nos gusta aprender, pero nos desagrada poner en práctica lo que aprendemos. La teoría sin la práctica no resulta, porque el verdadero conocimiento se adquiere cuando lo practicamos.

 

Jesús enseñaba a sus discípulos por largas horas y les explicaba lo que era el Reino de Dios, pero de inmediato demostraba lo que había enseñado: sanando a los enfermos y libertando a los cautivos.

 

Nosotros oímos mensajes, estudiamos la Palabra, pero no la ponemos en acción. Luego vemos el resultado de esto en nuestra vida cuando vienen los problemas; nos desesperamos, nos impacientamos, nos airamos y decimos “¿Dónde está Dios?”. Dios está pero nosotros no, porque no hemos puesto en práctica lo que hemos aprendido.

 

No nos quedemos con decir “Yo sé”, “Yo conozco”, sino que podamos decir “Yo lo he experimentado y me ha dado resultado”.

 

 

Aprendamos a ser humildes

Pero cuando se afirmó en el poder, se volvió orgulloso, lo cual fue su ruina. 2 Crónicas 26: 16

 

No todos sabemos manejar el poder; este hace que nos volvamos orgullosos y sintamos que no necesitamos a nadie. Muchas veces, este poder hace que nos apartemos de los caminos del Señor y que nuestro corazón se endurezca, hasta tal punto que nuestra familia deja de importarnos y lo único que nos interesa es el dinero, la posición, el estatus, el reconocimiento.

 

Como hijos de Dios debemos cuidar nuestro corazón para que se mantenga fiel a la Palabra, porque es necesario que aprendamos a ser humildes y a valorar de dónde nos sacó.

 

No importa cuál sea tu posición, el lugar que ocupas, el poder que tengas, la influencia, los bienes, las posesiones; debes mantenerte íntegro. No seamos como el rey Uzías, quien, cuando se afirmó en el poder, se envaneció y, en ese mismo momento, llegó su ruina; lo perdió todo.

 

Seamos humildes, reconociendo que todo lo que somos es porque Él nos lo ha dado.

 

 

Llenémonos de fe

Entonces Jesús les tocó los ojos, y les dijo: Que se haga conforme a la fe que ustedes tienen. Mateo 9: 29

 

Estamos buscando un milagro, pero no tenemos la fe para recibirlo. A diario nos vemos llenos de dudas, en las cuales Dios nada tiene que ver, porque están fundadas en nosotros mismos.

 

Creer es un acto voluntario, el cual nosotros decidimos. La fe es un don que Dios nos da para poder creer sin antes ver. Ésta nos lleva a tomar riesgos y hacer cosas a las cuales nunca nos atreveríamos. Por eso, necesitamos entender que nuestra fe será probada, y dependiendo de ella recibiremos nuestro milagro.

 

Debemos trabajarla, fortaleciéndonos en Su Palabra. Llenémonos de fe para que todo lo que pidamos podamos recibirlo.

 

 

Fuente / Iglesia Monte de Dios

Demostrar lo que Dios es en nosotros

Hagan suyas las necesidades del pueblo santo. Romanos 12: 13

 

El egoísmo que demostramos ante los demás es muy obvio. Pensamos en nosotros mismos sin considerar la necesidad del otro y sin ponernos en su lugar. Vivimos para nosotros sin pensar en los demás. El amor de Cristo no está manifestándose en nosotros. Porque Su amor es dar sin condición y sin esperar nada a cambio; es despojarse de lo que se posee para dárselo al otro.

 

Un buen padre se abstiene de todo para hacer sentir feliz a los suyos antes que él. Sin embargo, hay padres que no dan importancia a lo que pueda sentir o pensar su hijo.

 

La mayoría de los problemas en nuestros hijos son producto del desamor, la incomprensión, el maltrato, la desconsideración y la falta de atención. Ellos necesitan que se les suplan todas estas cosas para poder crecer sanos emocionalmente, y que no busquen en otros lo que no supimos darles por estar con lo nuestro, olvidándonos de ellos.

 

Cristo debe ser un reflejo en nuestra vida familiar. Él se despojó de toda Su gloria para hacerse igual que nosotros. Despojémonos de todo egoísmo y hagámonos como ellos para poder entender y suplir sus necesidades.

 

Si verdaderamente amamos a Cristo, debemos demostrar lo que Él es en nosotros, con todos los demás.

 

Él es tu Paz

La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón ni tenga miedo. Juan 14: 27

 

Hay muchas razones para estar angustiados y temerosos, pero Dios nos da Su paz, la cual está por encima de cualquier problema que podamos tener. Él es Dios, nuestro Creador.

 

Vivir en armonía significa tener una vida llena de paz y tranquilidad. Esto debe ser el deseo de todos nosotros. La paz se busca en la presencia de Dios, y se mantiene permaneciendo en ella. El estar en paz nos hace sentir confiados y seguros de que el Señor tiene cuidado de nosotros.

 

El ambiente de nuestro hogar cambia cuando nos disponemos a estar en paz y vemos al Señor obrar en todo. Cuando estamos en paz hacemos un cielo en la tierra. Vivir en paz es vivir con Cristo y afirmar que Él está vivo.