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Él es nuestro Maestro y nosotros Sus discípulos

Viendo la multitud, subió al monte y se sentó. Se le acercaron sus discípulos. Mateo 5: 1

 

¡Cuánto tenemos que aprender de Jesús! Él es nuestro Maestro y nosotros Sus discípulos. Por eso Sus discípulos no se apartaban de Él, sabiendo que Sus enseñanzas los llevarían a otro nivel.

 

La Palabra nos habla de cómo las personas se maravillaban cuando Jesús hablaba. Por eso muchos Le seguían y otros dejaban todo por estar con Él. Estos hombres y mujeres supieron que Jesús tenía la revelación del Padre, porque nunca habían escuchado tales palabras.

 

Los fariseos se preguntaban de dónde conocía esas cosas si no era de edad avanzada. Ellos estaban intrigados por tanta sabiduría. Sepamos que nosotros tenemos en nuestras manos ese tesoro tan preciado, el cual hace dos mil años fue revelado y hoy está para dárnoslo, a nosotros.

 

Su Palabra es la voluntad de Dios expresada, la cual nos da a conocer y entender Sus propósitos divinos. Si nuestra mente tuviera la capacidad de entender que Él quiere seguir haciendo discípulos y nosotros somos parte de su plan… Para eso necesitamos ser formados mediante Su Palabra y no dejar pasar un día sin leerla con agrado; para ser llenos de Su conocimiento y entender las verdades que nos transformarán y cambiarán.

 

Fuente / Iglesia Monte de Dios

Somos guerreros de verdad o de mentira

Dios quiere protegernos; por eso pone límites y nos lo hace saber

Pero del árbol del conocimiento del bien y del mal no comerás, porque el día que de él comas, ciertamente morirás. Génesis 2: 17

 

Adán y Eva vivían felices en el huerto, pero desconocían que esa felicidad duraría poco tiempo, porque había un enemigo que estaba cerca y solamente esperaba la oportunidad para dar inicio a su plan. Cuando leemos la Palabra, nos damos cuenta de que él pudo actuar porque Eva le dio el derecho legal al violentar las leyes establecidas por Dios. Si ella hubiera permanecido fiel, el enemigo nada habría podido hacer, por más grandes que fueran sus intenciones.

 

Dios quiere protegernos, por eso pone límites y nos lo hace saber, para que nos cuidemos y no caigamos en la trampa. Él nos habla a través de Su Palabra; nos enseña que si guardamos todas Sus leyes, el cerco no podrá ser violentado y estaremos seguros de todas las maquinaciones del enemigo.

 

El cerco puede romperse fácilmente, con tan solo una mentira o un mal pensamiento. Por eso, debemos estar atentos para rechazar de inmediato todo lo que nos haga fallar y no dejarnos inducir por alguna de sus contrataciones.

 

Fuente / Iglesia Monte de Dios

Necesitamos tener cuidado de no actuar independientes

A estos cuatro muchachos, Dios les dio conocimiento e inteligencia en todas las letras y ciencias; y Daniel tuvo entendimiento en toda visión y sueños. Daniel 1: 17

 

Dios nos ha dotado de inteligencia y sabiduría para que en todo lo que hagamos nos vaya bien y nuestros caminos sean prósperos. Su intención es darnos todo lo que posee, pero necesitamos tener cuidado de no actuar independientes por el hecho de tener parte de Sus atributos.

 

A veces confundimos Sus bondades y atribuimos todo lo que nos sucede a nuestra propia capacidad, pero necesitamos tener presente que toda dádiva y todo don perfecto provienen de lo alto. Por lo tanto, el hombre sin Dios es nadie; Él es quien nos hace sabios e inteligentes.

 

Dios dio a Daniel sabiduría e inteligencia, y el rey lo encontró diez veces superior que cualquier mago o adivino de su reino. Pero esto no afectó su corazón; al contrario, el reconocimiento y la gratitud era tan grandes que oraba tres veces al día, demostrando una dependencia única y absoluta.

 

Es triste ver personas a quienes Dios usaba, pero en un momento todo se desvaneció, porque se apartaron del Dador. Cuando se secaron no sabían cómo llegar de nuevo a su Fuente, porque se engrandecieron tanto que olvidaron el camino que los unía. Por eso, no olvidemos lo que hace que un hombre sea engrandecido delante de la presencia de Dios: teniéndolo todo, nunca considere que puede hacerlo solo.

 

Fuente / Iglesia Monte de Dios

Nuestro corazón debe ser como el de un niño, quien todo lo disfruta y lo goza

Dejad que los niños vengan a mí, y no se lo impidáis, porque de los que son como éstos es el reino de Dios. Lucas 18: 16

 

Si recordamos nuestra niñez, vemos cuánta ilusión nos daba cuando nuestros padres nos prometían llevarnos al parque o comer un helado. Eran momentos inolvidables, y queríamos que el tiempo volara para que llegara ese día y no se demorara más. A partir de ese momento lo que hablábamos y pensábamos giraba en torno a eso. Lo más gracioso era contárselo a nuestros amiguitos. Nos gustaba hacerlo porque así íbamos emocionándonos más y, sin haber ido, ya nos sentíamos en ese lugar. Estaba tan presente en nuestros pensamientos que era casi real.

 

Qué inocencia tan hermosa, la cual nos permitió vivir esos momentos como algo tan grande e inolvidable. Quedamos tan marcados que aquellos nunca serán borrados porque nos llenaron de felicidad y, a pesar de los años que han pasado, nos gusta recordarlos para volver a vivirlos.

 

Qué grande sería que, de la misma manera que acogíamos la invitación de nuestros padres, pudiéramos hacerlo con cada una de las promesas que nuestro Padre nos ha dado. La Palabra nos enseña que solamente los niños heredarán el reino de los Cielos. Cuando nos habla de esto no se refiere a la edad física, sino a la condición de nuestro corazón, el cual debe ser como el de un niño, quien todo lo disfruta y lo goza, sin despreciar cosa alguna por mínima que sea.

 

Si hablas, hazlo para edificar y no para destruir

¿Por qué, entonces, criticas a tu hermano? ¿O tú, por qué lo desprecias? Todos tendremos que presentarnos delante de Dios, para que él nos juzgue. Romanos 14: 10

 

Si el hombre pudiera vernos como Dios nos ve, las críticas no existirían, desaparecerían completamente de nosotros. De esa forma dejaríamos de hacer tanto daño y causar tanto dolor sin necesidad, porque cuando levantamos nuestra voz para juzgar, esto da lugar a una serie de sucesos posteriores, lo cual será imposible controlar si no lo detenemos.

 

La crítica es producto de nuestro propio concepto, del cual creemos que es lo correcto. Esto provoca que demos riendas sueltas a lo que pensamos sin escatimar el daño emocional y espiritual que causa. A veces, somos intolerantes ante los hechos de los demás y nos revelamos de una forma en que hacemos daño, enjuiciando lo que hacen. Tenemos que saber que las críticas no son buenas y, si tenemos el corazón de Dios, ¿cómo podemos actuar de esa manera? Esto demuestra que pocos Lo conocen, porque cuando Lo conocemos cambiamos nuestra actitud hacia los demás.

 

Con criticar no se consigue algo bueno, sino que se expande el mal dando origen al rompimiento de los lazos de amistad, de la unidad conyugal y de las relaciones familiares. Antes de criticar recordemos que todos nos presentaremos delante de Dios para ser juzgados. Qué pena sería ver que alguien a quien tanto criticamos está mejor delante de Dios que nosotros mismos. Si hablas, hazlo para edificar y no para destruir, porque somos portadores de bendición, no de maldición.

 

Fuente: Iglesia Monte de Dios / Devocionales

Porque no estamos llamados a estar estáticos, sino en movimiento constante

Si alguien tiene sed, venga a mí, y el que cree en mí, que beba. Como dice la Escritura, del interior de aquél correrán ríos de agua viva. Juan 7: 37-38

 

Cuando pasamos por aguas estancadas el olor que se desprende es horrible y nauseabundo. Esas aguas dan lugar a enfermedades, pestes, plagas y muchas cosas más. Resulta evidente que nadie quiere estar cerca, para evitar cualquier contaminación.

 

Estas aguas, producto de la falta de circulación, de no tener movimiento alguno, son un hábitat para las bacterias, las cuales hacen de aquellas un foco de infección. Esto nos hace ver que lo que está estancado no sirve, y da pena que muchos de nosotros estamos en esa misma situación. Estamos pasando por una parálisis espiritual, la cual ha provocado un malestar dentro de nosotros que está infectando a los que nos rodean.

 

Un síntoma evidente de esto es la forma de hablar, la manera como nos expresamos y lo que hacemos. Constantemente estamos quejándonos, vivimos malhumorados y sin gozo, teniendo una actitud de inconformidad. Todo esto es el resultado de no alimentar nuestro espíritu por medio de la comunión íntima con el Señor. Hemos abandonado la prioridad número uno: “Estar siempre en Su presencia”. Por eso, nuestro espíritu empieza a contaminarse en vez de purificarse.

 

Tomemos conciencia de nuestra vida espiritual para que no nos suceda lo mismo que a las aguas estancadas. Busquemos siempre la compañía del Espíritu Santo para que nos renueve cualquier impureza que pueda dar origen al estancamiento espiritual; porque no estamos llamados a estar estáticos sino en movimiento constante, pues de nosotros correrán ríos de agua viva.

 

FUENTE

Ponle nombre y apellido a tus bendiciones

Si los problemas que te rodean te hacen sentir atrapado examina lo que te rodea y agradece por las cosas que tienes

 

1 ¿De qué hablas a diario? ¿Te quejas constantemente de lo solitario que te sientes? ¿Lo mal que están las ventas en tu negocio? “Ojo”, si lo que sale de tu boca es pesimismo y negatividad, te aseguro que tus calamidades se van a multiplicar.

 

Si te identificas con estos pensamientos, pon atención porque puedes estar metiéndote en la boca del león. ¡No!, mejor dicho en la barriga de una ballena, igualito como le pasó a Jonás. Sí, ese mismito que cuenta la Biblia.

 

Desde que Jonás quedó atrapado en el estómago de la ballena, estuvo tres días seguidos renegando por su destino. Pero ninguna de sus quejas lo ayudó a salir. Hasta que Jonás se preguntó: “¿Qué resuelvo con esto?”, y desde aquel momento comenzó hacer lo contrario, agradecer a Dios, que aún en medio de sus dificultades por lo menos estaba vivo.

 

Poco después que reconoció su error y asumió una actitud positiva, de repente, la gran ballena abrió la boca y lo expulsó de un empujón fuera de su estómago. Y el agradecido Jonás pudo continuar con la misión que tenia en la vida.

 

Si los problemas que te rodean te hacen sentir atrapado como si estuvieras dentro de una ballena, en vez de quejarte por tus “desgracias”, examina lo que te rodea y agradece por las cosas que tienes. En vez de hablar sobre lo que no funciona en tu vida, comunica lo que si está trabajando. Por más pequeñas e insignificantes que sean tus bendiciones, de esas sí deberías hablar.

 

Cuéntale a todo el mundo y si es posible, grita a los cuatro vientos: “Qué afortunado estoy de tener un empleo”, “Qué maravilla que mis hijos están saludables” y “ Qué suerte tengo de tener gente que me quiere”.

 

Transforma las palabras que salen de tu boca. No cuentes lo malo, sino lo bueno. Verás el giro que da tu vida y cómo esas bendiciones se multiplican.

 

Fuente: La Opinión

Que seamos tan resistentes como el oro y tan hermosos como el diamante

Pues Dios los ha rescatado a ustedes de la vida sin sentido que heredaron de sus antepasados; y ustedes saben muy bien que el costo de este rescate no se pagó con cosas corruptibles, como el oro o la plata. 1 Pedro 1: 18

 

Las joyas adquieren valor dependiendo del material y de las piedras preciosas que se usen para su elaboración. No es lo mismo una pieza hecha en oro con diamantes que una hecha en plata con imitación de piedra preciosa. El costo de la primera supera el de la segunda, ya que el material y la piedra usada tienen un gran valor en el mercado.

 

Si nos tocara escoger entre ambas, escogeríamos la de oro con diamante: primero por la calidad; segundo por su belleza; tercero, su durabilidad; y cuarto, porque es una inversión para siempre. Podrá ser usada por generaciones sin perder alguno de sus atributos, porque el oro siempre se conservará igual sin importar los años que pasen. Y del diamante no hay que hablar, porque aun en la oscuridad brillará.

 

¡Qué ilusión nos da tan solo imaginar que podríamos tener algo de tanto valor! Esto nos emociona y nos quita el sueño hasta el punto de hacer planes para adquirirlo. Debemos saber que así como lucen esas joyas debemos lucir nosotros, y darnos el valor que Jesucristo de Nazaret nos dio por medio de Su sacrificio: nos lavó de todos nuestros pecados y nos redimió, dándonos un valor incalculable que supera el de las piedras preciosas.

 

Miremos el trabajo que Él ha hecho en nosotros. Nos sacó de las tinieblas y nos llamó a Su luz admirable para resplandecer y siempre brillar, porque nos quitó todo lo que no era puro y santo, para hacer de nosotros lo mejor. Por eso, que nuestra ilusión no sea llenarnos de joyas, sino que Su espíritu haga la obra en nosotros a fin de que seamos tan resistentes como el oro y tan hermosos como el diamante.

 

Fuente

Da sin medida, sin esperar recibir algo a cambio