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Confianza en la espera

Esperar en Dios hace más grande nuestra confianza en Él, en especial cuando anhelamos con urgencia su intervención o guía en una situación. Desde nuestra perspectiva terrenal y con nuestro limitado conocimiento, puede parecer como si a Él no le importara, pero eso está lejos de ser cierto.

 

El Señor usa los tiempos de espera para fortalecer nuestra confianza en nuestro Padre celestial. Entonces, mientras usted espera, recuerde:

 

El Señor tiene conocimiento pleno de cada detalle de sus circunstancias.
Tiene una comprensión absoluta de los motivos e intenciones de todos los involucrados en su situación.
El poder de Dios es mayor que todos los esfuerzos que usted haga para resolver sus problemas.
Su ojo está siempre puesto en usted durante la espera, y Él es su ayuda y su protección.
Su misericordia descansa todo el tiempo sobre usted.

 

Siempre que se sienta invadido por una sensación de urgencia o incertidumbre, recuerde quién es Dios y lo que Él ha prometido hacer. Aunque es posible que no todo se resuelva como usted lo desea, se hará de acuerdo con la sabiduría perfecta de Dios y para el bien de su vida, en lo cual puede regocijarse.

 

 

Fuente: Encontacto.org

El uso de los dones espirituales

Toda persona que pertenezca a Cristo ha recibido un don espiritual para la gloria de Dios y el bien de la Iglesia. Servir al Señor no es una sugerencia sino una orden. Cuando desperdiciamos la oportunidad, nos privamos a nosotros mismos y a los demás del servicio que el Padre celestial quiere que hagamos.

 

En la lectura de hoy, Pedro divide a los dones espirituales en dos categorías: dones de servicio y dones de comunicación. Pero dentro de estos dos grupos hay una ilimitada variedad de formas en que el servicio a Cristo se pone en acción. Incluso si dos creyentes tienen el mismo don, lo expresarán de maneras únicas y con resultados diferentes.

 

Debemos recordar que aunque hay diversidad de dones, ministerios y resultados, el Espíritu Santo es la fuente de todos ellos, y Di os es quien hace el trabajo (1 Co 12.4-6). Por ejemplo, el don de enseñanza tiene una amplia gama de aplicaciones. Puede ser usado por una persona para instruir a niños pequeños, mientras que otra persona lo utiliza para enseñar a estudiantes del seminario. Ambos usos son esenciales a los ojos del Señor, y lo glorifican.

 

Dios no tiene una clasificación de los dones espirituales, así que nunca piense que el suyo no es importante. Lo que Él desea es fidelidad al emplearlo.

 

 

Fuente: Encontacto.org

Los dones del Espíritu Santo

Mire cualquier iglesia vigorosa, y encontrará creyentes que están sirviendo de manera diligente al Señor, así como otros que no lo están. Sin embargo, la Iglesia de Cristo no fue creada para parecerse a un evento deportivo con unos pocos participantes en el campo y muchos espectadores en las gradas. Aunque algunos pueden no estar involucrados debido a la apatía, hay muchos cristianos que simplemente se sienten inadecuados. Pero las limitaciones de un creyente no son excusa, porque Dios ha provisto todo lo que necesitamos para servir con éxito.

 

Por nuestra propia cuenta, cada uno de nosotros está mal equipado porque las fuerzas y el talento humanos no son suficientes para servir al Señor. Por lo tanto, Él nos ha dado a cada uno habilidades específicas potenciadas divinamente llamadas dones espirituales, para que las utilicemos en el trabajo para Cristo. No podemos elegir cuál será nuestro don; esta es la prerrogativa del Espíritu Santo. Solo Él sabe con exactitud lo que quiere lograr, y nos capacita a cada uno de acuerdo con eso.

 

Los dones del Espíritu deben ser usados para el bien común de la Iglesia. Aunque nos han sido dados a nosotros, están destinados al beneficio de los demás. Nuestra responsabilidad es comenzar a servir, y al hacerlo, empezaremos a descubrir lo unido que está en realidad el Cuerpo de Cristo.

 

 

Fuente: Encontacto.org

Al vivir en el favor de Dios

Una vez que hemos recibido el favor de Dios a través de la salvación, ¿importa cómo nos comportemos? El pasaje de hoy responde con un rotundo sí. Después de recibir la misericordiosa salvación de Dios, no debemos continuar actuando de maneras desagradables para Él. Por el contrario, debemos andar en novedad de vida y considerarnos muertos al pecado.

 

Esta verdad es demostrada por la vida de Pablo. Al convertirse, el apóstol experimentó un cambio radical y comenzó a vivir con devoción y obediencia a Cristo. Después de ser rescatado de la esclavitud del pecado y recibir al mejor Maestro posible, habría sido una necedad volver a su estado anterior.

 

La gracia divina nos libera para que no seamos más esclavos del pecado; no solo somos rescatados del castigo por el mismo. Y porque nuestro Padre celestial nos da el poder para conocerle a través de las Sagradas Escrituras, podemos vivir de una manera que le honre y produzca un fruto duradero.

 

¿Qué tan bien conoce usted a Dios? Agradarle requiere aprender a pensar de la manera que Él lo hace, y esto significa que su Palabra debe ser una parte vital de su vida. También requiere elegir su camino sobre el suyo. Aunque esto puede parecer una forma de vivir que tiene un alto precio, el resultado vale cada sacrificio.

 

 

Fuente: Encontacto.org

¿Cómo podemos ganar el favor de Dios?

Intentar ganarse el favor del Señor sería como correr un maratón sin una meta, escalar una montaña interminable o remar frenéticamente en los rápidos sin llegar a ninguna parte. Tales intentos de abrirnos pasos hacia Dios son agotadores e infructuosos, porque nunca podremos ser lo bastante buenos o hacer lo suficiente para ganar su aceptación. Solo hay una manera de recibir el favor de nuestro Padre celestial, y es a través de la fe en su Hijo, quien hizo todo el trabajo por nosotros.

 

El Todopoderoso nos buscó cuando todavía éramos pecadores, y envió a su Hijo a vivir una vida perfecta y morir una muerte sustitutiva por nosotros. Cristo tomó nuestros pecados y nos ofrece su justicia; lo único que tenemos que hacer es creer y recibir su regalo de perdón y vida eterna.

 

El favor del Señor es inmerecido y no puede ser ganado. Se da libremente a quienes no lo merecen, a través de la fe en Cristo, y continúa a lo largo de la vida del creyente. Da poder para obedecer, da la victoria sobre el pecado y proporciona acceso abierto al Padre para la oración. El rico y abundante favor de Dios está disponible para todos los que quieran recibirlo por fe.

 

 

Fuente: Encontacto.org

El llamado al servicio

Tres escritores del Nuevo Testamento iniciaron sus epístolas del mismo modo: “Pablo, siervo de Jesucristo… (Ro 1.1); “Simón Pedro, siervo y apóstol de Jesucristo…” (2 P 1.1); y “Santiago, siervo de Dios y del Señor Jesucristo…” (Stg 1.1). Se veían a sí mismos como humildes servidores.

 

El Señor nos pide una vida de servicio. Esto debería ser una perspectiva apasionante, pero muchas personas se obsesionan con la creencia de que no pueden ser tan buenas como los apóstoles. Una idea popular en la iglesia es que los siervos de Cristo son aquellos que están dedicados al ministerio a tiempo completo, y que todos los demás están solo tratando de llevar una vida correcta. Nada más lejos de la verdad. Todos somos servidores con un trabajo importante que hacer en el reino.

 

Algunos trabajos del reino parecen más importantes que otros, pero eso es solo porque los evaluamos con ojos humanos. Todo trabajo que haga avanzar el evangelio o que sirva a una necesidad, es valioso. No todas las personas pueden estar en un campo misionero lejano, pero todos podemos compartir el evangelio con un vecino. Algunas personas pueden cantar en el coro; otras pueden ayudar económicamente a alguien. Dios nos invita a hacer su obra en el mundo, ya sea una tarea grande o pequeña, y la cual hacemos al servir a nuestro prójimo.

 

 

Fuente: Encontacto.org

Un modelo para el servicio

Jesucristo les dijo a sus discípulos: “El que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor” (Mt 20.26). En los tiempos bíblicos, el sirviente de más baja condición de la casa lavaba los pies polvorientos. Por tanto, los discípulos deben haberse sorprendido cuando el Señor realizó esta humilde tarea para ellos. Por lo que dijo: “Si yo, el Señor y el Maestro, he lavado vuestros pies, vosotros también debéis lavaros los pies los unos a los otros” (Jn 13.14).

 

Basándose en esas palabras, muchas iglesias han convertido el lavamiento de pies en una ordenanza; piensan que este acto muestra la semejanza con Cristo y demuestra la voluntad de servir. Tal vez eso sea cierto para algunos creyentes, pero muchos realizan la ceremonia de una manera mecánica. El mensaje del Señor a los discípulos y a los creyentes modernos no es literalmente lavar los pies sucios, sino más bien servirse unos a otros con amor y humildad.

 

Dios quiere que seamos sacrificios vivos. Para servir al Señor, debemos estar dispuestos a hacer lo que nos pida y para quién nos lo pida. Nuestra semejanza a Cristo es evidente cuando nos humillamos ante Dios por el bien de los demás.

 

El Señor Jesucristo realizó una de las tareas más humildes de su época para demostrar su condición de servidor. ¿Qué está usted dispuesto a hacer por Él?

 

 

Fuente: Encontacto.org

Una vida valerosa

Cuando reconocemos la presencia de Dios con nosotros, la valentía comienza a crecer en nosotros. Sin el poder del Padre, encontraremos que las dificultades y el estrés nos agotan desde el punto de vista emocional, y nos afligen físicamente, dejándonos vulnerables a los ataques de Satanás.

 

Después de deambular durante cuarenta años, la nación de Israel estaba en ese estado. Deberían haber creído a los dos espías que confiaron en la presencia y el poder del Señor. Sin embargo, al dejar que su cobardía los dominara, la gente se puso del lado de los diez espías restantes, quienes afirmaron que los obstáculos que había en Canaán eran demasiado grandes (Nm 13.26-32).

 

Por el contrario, Pablo se enfrentó al tribunal romano después de soportar grandes dificultades, pero no temió, porque Dios estuvo a su lado y lo fortaleció. Los momentos de impotencia y debilidad en realidad son oportunidades para recibir el poder divino (Fil 4.13).

 

Rendirse a los propósitos de Dios es esencial para desarrollar valentía. Pablo sabía que el Padre celestial tenía un plan para cada acontecimiento en su vida, incluso los más difíciles. En vez de tratar de escapar de las pruebas, aceptemos la manera de actuar de Dios, para así encontrar la valentía que necesitamos.

 

 

Fuente: Encontacto.org

Valentía para enfrentar las pruebas de la vida

La Biblia detalla la valentía que el apóstol Pablo demostraba en las pruebas. Fue combatido por líderes religiosos, maltratado por magistrados y agredido por turbas. Sin embargo, se mantuvo firme. ¿Cómo lo hizo?

 

Veamos el testimonio de Pablo. Dijo que vino a los corintios en debilidad, y que habló con temor y temblor (1 Co 2.3). Afirmó que había sido abrumado más allá de su capacidad de soportar (2 Co 1.8). De hecho, en una ocasión su temor fue tan fuerte que un ángel lo exhortó a no tener miedo (Hch 27.24). Pablo era humano, como nosotros.

 

¿Qué sabía Pablo que pudiera ayudarnos? Dondequiera que estuviera el apóstol, Dios estaba presente. Él confiaba en la orientación del Espíritu Santo, y también era confortado por la seguridad que le daba el Señor de su compañía (Hch 18.9). Aunque parecía que Pablo estuvo solo ante sus acusadores, reconoció que en realidad tenía la compañía del Señor. Con el Todopoderoso a su lado, no tenía nada que temer.

 

Puesto que pertenecemos a Jesucristo, podemos estar seguros de que Dios siempre está con nosotros. También tenemos la promesa eterna de la compañía del Salvador, y al Espíritu Santo como nuestro acompañante permanente. Al abrazar estas verdades, encontraremos la valentía para enfrentar las pruebas de la vida.

 

Fuente: Encontacto.org

Las dudas en cuanto a la salvación

Nada agota tanto la energía espiritual como el temor. Cuando nos inquietamos una y otra vez por nuestra salvación, la ansiedad puede nublar nuestros pensamientos y desenfocarnos del plan de Dios. Además, nos roba la paz y el gozo que el Señor nos prometió.

 

Existen varias razones por las que algunos cristianos dudan de su salvación:

 

EL PECADO. La salvación trae perdón y justificación delante de Dios. Pero cuando nos centramos en nuestros pecados y fracasos, dudamos de que el Señor pueda perdonarnos.

 

LAS EMOCIONES. Algunas veces dependemos de nuestros sentimientos, y no de la Palabra de Dios para determinar nuestra salvación.

 

LA INMADUREZ. Por ignorancia de la Biblia o un cambio lento, algunos creyentes pueden llegar a preguntarse si son salvos.

 

EL LEGALISMO. Algunos cristianos evalúan su seguridad eterna por su desempeño. Si no cumplen con un estándar que ellos mismos establecen, la incertidumbre puede echar raíces.

 

Primera de Juan 3.19 dice que podemos saber que somos de la verdad, y así aseguraremos nuestros corazones delante de Dios. La palabra asegurar significa pacificar y calmar nuestra alma para que no nos consuma la duda aterradora, que nos impida disfrutar de nuestra nueva vida en Cristo.

 

 

Fuente: Encontacto.org