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Debemos asegurarnos de que realmente ha sido sembrada en nuestro corazón

Y al sembrar, una parte de la semilla cayó en el camino, y llegaron las aves y se la comieron. Mateo 13: 4

 

Los principios bíblicos debemos atesorarlos y cuidarlos, para no salirnos de la bendición. Por esto debemos estar alertas y velar adónde está cayendo la palabra que oímos; porque si no da fruto, es que no cae en el terreno apropiado. La palabra de Dios es una fuente de crecimiento espiritual, por lo cual no podemos descuidarla. Debemos asegurarnos de que realmente ha sido sembrada en nuestro corazón; porque de lo contrario nuestra vida seguirá igual.

 

Por eso vemos tantas personas que se van de la iglesia; otras continúan haciendo lo mismo, dejándose llevar por sus deseos y ambiciones. Y nos preguntamos ¿dónde estaban cuando se predicaba la palabra de Dios? Estaban sentados, oyendo, pero no escuchando. Su mente era un torbellino, el cual no permitía que la palabra penetrara, y al final vemos los resultados: una vida improductiva.

 

Así que no nos demoremos más y analicemos nuestra vida espiritual. Si estamos en lo mismo, sin cambios, es porque la semilla no está cayendo en el lugar apropiado. Por eso hagamos los ajustes necesarios, para que caiga en el lugar donde sí va a germinar, porque los beneficiados seremos nosotros.

 

Fuente / Iglesia Monte de Dios

Preparémonos a recibir en respuesta a lo que hemos dejado

Y todos los que por causa mía hayan dejado casa, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o hijos, o terrenos, recibirán cien veces más, y también recibirán la vida eterna. Mateo 19: 29 

                   

Cada persona busca a Dios de una manera muy particular. Por eso se nos hace tan difícil caminar como ordena Su palabra, pues queremos que Él se adapte a nosotros y nos entienda. Lo más grande es que nos justificamos y tenemos argumentos para avalar lo que hacemos.

 

No podemos continuar de esa manera, porque estamos engañándonos. Y peor aun, dejamos de recibir por hacer las cosas a nuestro modo. Cuando la palabra nos habla de que tenemos que dejar algo, no puede acondicionarse y hacerlo a un 10 o un 40 o como nos parezca; si así fuera, estaría escrito.

 

Él nos da a conocer Su voluntad y, por más difícil que sea para nosotros someternos a ella, no nos queda más opción que obedecer; porque el cumplimiento de ella trae recompensa. Por esto, no sigamos acondicionando la palabra de Dios. Si Él nos dice que dejemos algo, dejémoslo aunque nos duela.

 

Porque escrito está que todo lo que dejemos por Él será retribuido cien veces más… Y la recompensa más grande: la vida eterna. No pensemos más; tan solo hagamos como Él nos dice, y preparémonos a recibir en respuesta a lo que hemos dejado por Él.

 

Listos para disfrutar lo que por ser hijos nos corresponde

Así pues, tú ya no eres esclavo, sino hijo de Dios; y por ser hijo suyo, es voluntad de Dios que seas también su heredero. Gálatas 4: 7

 

Es tiempo de que hagamos nuestras las promesas de Dios. Ya no permitamos que nuestra mente nos haga permanecer esclavos y creer que no tenemos derecho a recibir la herencia de nuestro Padre Celestial. Si el mismo Dios envió a Su Hijo Jesucristo para deshacer la esclavitud que imperaba y nos separaba de Él, a fin de que por medio del sacrificio de la cruz se rompiera todo pacto y derecho legal que no nos permitía constituirnos en herederos del Reino…

 

Por lo tanto, tenemos una herencia a nuestra disposición, la cual podemos reclamar cuando queramos. Pero para esto tenemos que vernos como hijos y romper las estructuras del pasado que nos hacen ver muy diferentes a como Él quiere que veamos. Vernos como hijos nos hace entender que toda la herencia del Padre es nuestra.

 

Sintámonos bendecidos y listos para disfrutar lo que por ser hijos nos corresponde. No permitamos que algo nos haga vernos en otra condición que no sea la de hijos de Dios y herederos de Su Reino.

 

Aunque se demore, Él vendrá a favor nuestro

Pero cuando recibió la noticia de que Lázaro estaba enfermo, decidió quedarse dos días más en donde estaba. Juan 11: 6

 

A veces no entendemos por qué cuando necesitamos oír la voz de Dios o que Se manifieste en medio de la situación que estamos pasando, no lo hace. Es como si a Dios no le interesara o estuviera tan ocupado que lo nuestro no tiene importancia. Y no es que Dios sea malo o que le da lo mismo nuestra situación. Al contrario, Él quiere lo mejor para nosotros, pero Su silencio, el cual se convierte en una eternidad, nos desespera, nos inquieta. Esto no nos agrada.

 

Pero todo esto no significa que Dios no va actuar. Muy por el contrario, Él va a hacerlo a Su tiempo, para glorificarse. Así vemos que cuando Lázaro estaba enfermo Él no fue al instante. Al contrario, se demoró dos días más porque no tenía pensado sanarlo sino resucitarlo.

 

No nos desanimemos si Dios no ha intervenido a nuestro favor, porque Él se manifestará de una manera mayor a lo que estábamos esperando. Por eso, sigue esperando sin que tu fe se debilite; porque aunque se demore, Él vendrá a favor nuestro.

 

Dios sí sabe recompensar

Porque el Hijo del hombre va a venir con la gloria de Su Padre y con Sus ángeles, y entonces recompensará a cada uno conforme a lo que haya hecho.

Mateo 16: 27 

 

Todo lo que hacemos para el Señor será recompensado porque Dios no se olvida. Por eso nuestro servicio debe ser lo mejor; porque tenemos la certeza de que Él mira lo que hacemos, cómo lo hacemos y la intención con que lo hacemos, para luego retribuirnos grandemente.

 

Si entendemos esto, no tendremos problema. Al contrario, batallaremos para no dejarnos llevar por el conformismo, el cual nos hace caer en la rutina y, de esta manera, no hacemos lo que podríamos hacer diferente y mejor.

 

Peleemos contra aquello que quiere limitarnos para que no hagamos más. Resistamos las voces extrañas que nos dicen “Con lo que haces está bien”. Porque todo esto pretende que sigamos en lo mismo, y la recompensa no vendrá por hacer siempre lo mismo sino por todo lo que hagamos. Es decir, que se activa un poder multiplicador el cual genera ganancia para nuestro beneficio, porque Dios sí sabe recompensar, como nadie más, a los que trabajan para Su Reino.

 

Que fácil se nos olvida lo que Dios ha hecho

Necesitamos tener pasión para trabajar en la obra

No sean perezosos, más bien imiten a quienes por su fe y paciencia heredan las promesas. Hebreos 6:12

 

Dios es tan grande que en lo natural es imposible de apreciar. Esto no nos permite darle la honra que se merece, y nos habituamos a hacer las cosas sin su debido valor, lo cual nos lleva a actuar como los demás, quienes no Lo conocen. Pero todo lo que hagamos para Dios merece honra. Esta se muestra con sacrificio, entrega, pasión, compromiso y un deseo ardiente de agradarlo por encima de nuestros deseos.

 

Por eso no todos tendremos la misma recompensa ni el mismo galardón. Porque a mayor sacrificio, mayor recompensa; pues Sus ojos están puestos sobre aquellos que lo dan todo y hacen el esfuerzo de dar mucho más de lo que pueden, rechazando todo patrón que los mantenga cómodos.

 

Entonces ¿qué esperamos? Necesitamos tener pasión para trabajar en la obra; como el apóstol Pablo, cuyo fervor de espíritu era tan fuerte que nada escatimó, hasta el punto de arriesgar su vida por servirle al Señor. Con esto lo honraba.

 

Tomemos una decisión que nos lleve verdaderamente a sacrificarnos por amor a Él, lo cual demostrará que con cada paso estamos dándole honra, gloria y honor a Su Santo Nombre.

 

Cuando hay unidad, hay victoria

Y pensó: Ellos son un solo pueblo y hablan un sólo idioma; por eso han comenzado este trabajo, y ahora por nada del mundo van a dejar de hacerlo.  Génesis 11:6

 

Cuando hay unidad, hay victoria, lográndose el objetivo deseado no importa lo difícil que sea. La unidad hace la fuerza porque se activa un poder de multiplicación que provoca que ningún obstáculo pueda detenerlos porque todos batallan por lo mismo.

 

Si aplicáramos en nuestro hogar este principio tan valioso, todas las metas se cumplirían; la carga no estaría sobre una persona sino en varias, y sería más fácil sobrellevarla. Además, cuando se levantara el enemigo lo aplastaríamos al instante porque nos habremos unido en un mismo propósito. Pero el egoísmo, el orgullo, no nos permiten que nos unamos sino que cada quien busque sus propios intereses. El resultado de esto es la separación emocional y hasta física que experimentan los miembros de una familia.

 

Hay que entender que dividido es difícil que permanezca un hogar, y tenemos que ver el modelo que nuestro Padre Celestial nos ha dado, el cual con el Hijo y el Espíritu Santo son uno. Unámonos para poder ejercer esa fuerza y alcanzar todas las promesas dadas para nosotros; rompamos con el individualismo el cual no proviene de Dios, y veremos los resultados por haber logrado la unidad.

 

El Cielo no se gana con orgullo sino con humildad

La altivez de la mirada del hombre será abatida; la soberbia humana será humillada. Sólo Jehová será exaltado en aquel día. Isaías 2: 11

 

A veces pensamos que somos lo suficientemente maduros, y dejamos de dar importancia a ciertas actitudes que no son de muy buen agrado. Estas siguen operando en nosotros y, si no se corrigen, pueden hacernos fracasar.

 

Las personas se ciegan y no quieren reconocer sus debilidades, negándose rotundamente. Muchas veces es por el orgullo, el cual no nos permite aceptar lo que vaya en contra de nuestro propio concepto, pues el orgulloso se piensa mejor que los demás y que todo lo que hace está bien.

 

Cuando decimos a un orgulloso que no está bien lo que hace, lo asume como una afrenta personal; cree que se lo dicen por envidia o por celos. En ningún momento baja la cabeza y reconoce lo que está operando en él. El orgulloso puede estar en necesidad y prefiere morirse antes de pedir ayuda. Su corazón está lleno de altivez; no conoce qué es la humildad. Por eso, aunque un orgulloso haga lo mejor, a Dios no le agrada.

 

Si hay orgullo, renunciemos, porque tarde o temprano Dios nos humillará y la vergüenza será peor. Adonde no quisimos ir nos llevará, tendremos que hacer lo que no quisimos; porque Él va a enseñarnos que el Cielo no se gana con orgullo sino con humildad.

 

Él es nuestro Maestro y nosotros Sus discípulos

Viendo la multitud, subió al monte y se sentó. Se le acercaron sus discípulos. Mateo 5: 1

 

¡Cuánto tenemos que aprender de Jesús! Él es nuestro Maestro y nosotros Sus discípulos. Por eso Sus discípulos no se apartaban de Él, sabiendo que Sus enseñanzas los llevarían a otro nivel.

 

La Palabra nos habla de cómo las personas se maravillaban cuando Jesús hablaba. Por eso muchos Le seguían y otros dejaban todo por estar con Él. Estos hombres y mujeres supieron que Jesús tenía la revelación del Padre, porque nunca habían escuchado tales palabras.

 

Los fariseos se preguntaban de dónde conocía esas cosas si no era de edad avanzada. Ellos estaban intrigados por tanta sabiduría. Sepamos que nosotros tenemos en nuestras manos ese tesoro tan preciado, el cual hace dos mil años fue revelado y hoy está para dárnoslo, a nosotros.

 

Su Palabra es la voluntad de Dios expresada, la cual nos da a conocer y entender Sus propósitos divinos. Si nuestra mente tuviera la capacidad de entender que Él quiere seguir haciendo discípulos y nosotros somos parte de su plan… Para eso necesitamos ser formados mediante Su Palabra y no dejar pasar un día sin leerla con agrado; para ser llenos de Su conocimiento y entender las verdades que nos transformarán y cambiarán.

 

Fuente / Iglesia Monte de Dios