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Los regalos de la salvación

Los regalos son una expresión de amor, pero a veces no les damos la debida importancia. Esto es muy cierto cuando se trata de la salvación. Quizás la razón es que hemos olvidado lo maravilloso que es este regalo, y lo que le costó al Padre y al Hijo darlo.

 

Como cristianos, sabemos que la salvación da como resultado el perdón de los pecados, la reconciliación con el Dios santo y la adopción como sus hijos amados. Pero tal vez no estemos tan familiarizados con sus otros beneficios:

 

NOS CONVERTIMOS EN NUEVAS CRIATURAS (2 Co 5.17). Sufrimos un cambio interno radical. Nuestro viejo yo ha sido crucificado con Cristo, y tenemos un nuevo yo, creado en justicia y santidad.

 

ESTAMOS UNIDOS AL CUERPO DE CRISTO (Ro 12.5). No solo tenemos unión con el Dios trino, sino que también estamos unidos con todos los demás creyentes.

 

RECIBIMOS UNA HERENCIA EN EL CIELO (1 P 1.4). La salvación nos transforma de quienes estaban destinados al infierno, a ser coherederos con Cristo en su reino.

 

La salvación es un tesoro incomparable por el que pasaremos la eternidad alabando, dando gracias y adorando a Dios.

 

 

Fuente: Encontacto.org

Confiar y obedecer

Josué necesitaba la dirección de Dios al enfrentar uno de los momentos más cruciales de su vida. Él ya sabía cuál sería el resultado de la batalla contra Jericó, puesto que el Señor le había prometido darle la victoria. La estrategia específica que Dios le dio, sin embargo, fue tan atípica que debió haberlo dejado con la boca abierta. Pero a pesar de cualquier preocupación que pudiera haber sentido, Josué y todo el ejército le creyó al Señor y siguió el extraño plan al pie de la letra.

 

Aunque no enfrentemos la misma situación, hay momentos en que la obediencia a la Palabra de Dios es un desafío pues va en contra de nuestro razonamiento. Por tanto, dudamos, razonamos o buscamos excusas de por qué no podemos hacer lo que nos pide. Por ejemplo, considere estas órdenes:

 

Por nada estén afanosos, sino orar por todo (Fil 4.6).
Perdónense unos a otros, como también Dios los perdonó en Cristo (Ef 4.32).
Pongan su esperanza, no en la incertidumbre de las riquezas, sino en Dios (1 Ti 6.17).
Tengan por sumo gozo cuando se hallen en diversas pruebas (Stg 1.2).

 

Así como la orden dada a Josué no parecía tener sentido, las instrucciones anteriores tampoco tienen sentido para nosotros, pero Dios insiste en que son para nuestro bien.

 

 

Fuente: Encontacto.org

La interacción con el Dios santo

Una de las bendiciones de ser cristiano es la intimidad que tenemos con Dios Padre. Pero la cercanía con el Señor también puede tentarnos a tratarlo a la ligera al no reconocer su santidad o no tratarlo con la adoración que merece. La reacción de Josué ante la revelación de Dios nos enseña mucho acerca del temor reverencial que debemos sentir para con el Señor:

 

SE ACERCÓ AL SEÑOR PARA HABLAR CON ÉL. Dios es santo, pero a través de Jesucristo, podemos acercarnos al Padre celestial con toda libertad y con confianza para recibir ayuda y misericordia.

 

SE POSTRÓ SOBRE SU ROSTRO CON HUMILDAD, SUMISIÓN Y DEPENDENCIA. Esta es la misma actitud que debemos tener cada vez que venimos a Dios en oración o por medio de su Palabra.

 

PREGUNTÓ QUÉ TENÍA EL SEÑOR QUE DECIRLE. Cuando leamos las Sagradas Escrituras, también debemos pedirle al Señor que nos hable y nos enseñe sus caminos.

 

ADORÓ A DIOS CON OBEDIENCIA INMEDIATA. Si leemos la Palabra sin obedecerla, demostramos que en verdad no le tenemos reverencia al Señor.

 

Lo que necesitamos en nuestra relación con Dios es equilibrio entre la intimidad familiar y el temor santo. Considere si la forma en que usted se le acerca pudiera necesitar algún ajuste.

 

 

Fuente: Encontacto.org

 

Cómo se ignora la voz de Dios

Lo crea o no, muchas personas que asisten a la iglesia eligen ignorar la verdad de Dios porque no les gusta escuchar sermones que condenen o exijan un cambio. Pero tendemos a hacer lo mismo cuando decidimos arbitrariamente qué leer en la Biblia.

 

Cuando usted abre la Palabra de Dios, ¿lee solo los versículos que alientan, confortan o prometen bendiciones? ¿Es reacio a abordar los pasajes más difíciles, que inquietan su conciencia y piden obediencia? ¿Evita las partes que le hacen sentir culpable por su estilo de vida?

 

Si se siente atacado por un pasaje de la Biblia o una predicación, entonces debe mirar con sinceridad su vida. La Palabra de Dios está destinada a llegar a los rincones más profundos de nuestra alma y nuestro espíritu. Pero con la esperanza de que luego corramos hacia Cristo, nuestro Sumo Sacerdote, en confesión y arrepentimiento para ser perdonados.

 

El Señor Jesucristo se compadece de nuestras debilidades y nos invita a acercarnos a Él para recibir gracia y ayuda. El pasaje convincente de las Sagradas Escrituras puede causar una incomodidad momentánea, pero quienes escuchan y llevan su carga al Señor Jesucristo encuentran un dulce alivio.

 

 

Fuente: Encontacto.org

Nunca tome venganza

¿Por qué nos cuesta tanto perdonar? Quizás porque nos parece injusto. La justicia exige que haya un pago o castigo por las malas acciones. No obstante, no somos nosotros quienes tenemos la autoridad para ejercer el castigo. Hacerlo equivale a usurpar el papel de Dios, lo cual es tan pecaminoso como lo que otros nos hicieron.

 

Esta actitud pecaminosa es evidente en los corazones de muchos, por desgracia, incluso los cristianos. Por tanto, descubramos la oscura verdad detrás de esto. Esta destructiva falta de perdón…

 

• Demuestra una falta de voluntad para extender a otros el perdón que el Señor nos ha otorgado (Ef 4.32).
• Planta una raíz de amargura en nuestro corazón, que nos envenena, causa problemas y contamina a los demás (He 12.15).
• Estorba el proceso de santificación de Dios en nuestra vida, porque afligimos al Espíritu Santo al aferrarnos a la ira, el resentimiento o la venganza (Ef 4.30, 31).

 

En vez de exigir justicia, Pablo nos anima a bendecir y hacer el bien a quienes nos persigan. Nunca podemos vencer el mal con actitudes y acciones pecaminosas, sino solo con el bien. Por ahora, debemos confiar en Dios y dejar la venganza en sus manos.

 

 

 

Fuente: Encontacto.org

El poder destructivo de la falta de perdón

¿Cómo reacciona cuando alguien le hiere? Tal vez se enoja y quiere tomar represalias. O tal vez su expresión externa no cambie, pero en su interior comienza a murmurar con amargura. Aunque estas reacciones nos parecen comprensibles y del todo naturales, no es como Dios nos dice que reaccionemos.

 

El resentimiento es espiritualmente destructivo, porque va en contra de la voluntad de Dios y afecta nuestras emociones, pensamientos, oraciones y relaciones. La Biblia es clara en cuanto a que debemos perdonar a cualquiera que nos cause algún daño, ya que nosotros mismos hemos sido perdonados por una deuda de pecado mucho mayor por parte de Dios. La gracia que Él derrama sobre cada uno de nosotros debería ser nuestra motivación para extender gracia a los demás. Si hemos recibido su amoroso perdón, entonces debemos hacer lo mismo con los demás, incluso cuando nos parezca injusto.

 

El perdón implica un cambio total de actitud y de acción, por medio del cual renunciamos al resentimiento hacia alguien y al deseo de venganza. Con nuestras propias fuerzas, esto es imposible. Pero si, en vez de estar pensando una y otra vez en nuestras heridas le pedimos al Señor que nos cambie y nos llene de su Espíritu, Él dará inicio al proceso de transformar nuestro corazón.

 

 

Fuente: Encontacto.org

El propósito de Dios

¿Cuál es el propósito de la vida? A lo largo de la historia de la humanidad, la gente ha estado tratando de responder esa pregunta. Se han escrito libros sobre el tema, y los filósofos han postulado muchas respuestas. Pero, para los cristianos, el propósito de Dios está resumido de manera concisa en el pasaje de hoy.

 

Los creyentes son llamados de acuerdo con el propósito de Dios, y son conocidos desde antes por Él. La presciencia del Señor es mucho más que su capacidad para ver los hechos futuros con antelación. También incluye llevar a cabo lo que ha decidido hacer en favor de los que ha llamado. Los ha predestinado para ser conformados a la imagen de su Hijo (Ro 8.29). Esto se logrará por completo en la resurrección, pero hasta entonces, Dios está transformando cada vez más a sus hijos en este momento. Estos son los que Él llama, justifica (declara justos) y, finalmente, glorifica.

 

Si usted es creyente, este es el propósito de Dios para usted. Eso significa que todo lo que Él permite en su vida está planeado para convertirle en un glorioso reflejo de Cristo. Aunque no pueda comprender del todo cómo produce Dios la salvación, y cómo son responsables los cristianos de creer con fe, podemos estar seguros de que Aquel que comenzó esta buena obra en nosotros será fiel hasta perfeccionarla (Fil 1.6).

 

Fuente: Encontacto.org

Hechos a la imagen de Dios

Al principio, Dios creó a Adán y a Eva a su imagen. Pero esa semejanza se vio pronto empañada por el pecado, y el efecto dominó continúa en la humanidad hasta nuestros días. No obstante, el Señor fue misericordioso y no nos eliminó; en vez de eso, puso en marcha un plan redentor para salvar a cualquiera que esté dispuesto a arrepentirse.

 

Algún día, todos los que hayan puesto su fe en Jesucristo para salvación serán restaurados por completo a la imagen de Dios. Mientras tanto, el Padre celestial está moldeando a los creyentes a la semejanza de su Hijo. Es un proceso que continuará hasta que recibamos nuestro nuevo cuerpo eterno y, como un espejo perfecto, refleje una verdadera imagen de nuestro Señor. Pero mientras permanezcamos en este mundo, estamos llamados a proclamar el nombre de Cristo a quienes se encuentren en nuestra esfera de influencia.

 

Como cualquier padre, Dios-Padre se complace en ver a sus hijos madurar para que se parezcan más a Cristo, y en ese sentido Él trabaja todo el tiempo en nosotros. Ser cada vez más como Él también debe ser nuestro objetivo, porque nada puede compararse con el gozo que tendremos cuando, al final, estemos ante el Señor en el cielo, restaurados por completo a su semejanza.

 

 

Fuente: Encontacto.org

La perspectiva de Dios en cuanto a nuestro trabajo

Las conversaciones en el lugar de trabajo a menudo giran en torno a los logros, reconocimientos y ascensos, así como al esfuerzo que las personas hacen para alcanzar sus objetivos. Aunque el mundo valora al espíritu de competencia y al impulso que se necesita para ser reconocido, estas no son las cualidades por las cuales el Señor evalúa nuestro trabajo.

 

Dios llama a sus hijos a una forma diferente de pensar y trabajar, una que nos identifica como pertenecientes a Él. Se llama servicio humilde, y es al Señor Jesucristo a quien servimos. Sin embargo, lo hacemos sirviendo con abnegación a los demás, ya sea que nos aprecien o no. Cristo mismo es nuestro modelo. Dejó las glorias del cielo, se hizo humano y se humilló para convertirse en el siervo obediente de su Padre celestial, hasta el punto de morir en la cruz. Por pertenecer a Él, debemos imitar su humilde obediencia al Padre (Fil 2.3-8).

 

Cualquiera que sea el trabajo que tengamos, debemos recordar que somos responsables ante Dios por nuestra actitud y diligencia. Él se complace cuando nuestro enfoque en el trabajo es “[de corazón], como para el Señor” (Col 3.23) y para contribuir al bien de los demás. Con ese enfoque de servidores, le daremos más importancia a las personas que nos rodean, las cuales percibirán un reflejo de Cristo en nuestras acciones.

 

 

Fuente: Encontacto.org

La responsabilidad de la libertad

Nuestros derechos están entre los asuntos más difíciles a los que podemos renunciar, ya que se siente como algo injusto. Después de todo, son una afirmación de que tenemos derecho moral o legal a algo o a actuar de cierta manera. Sin embargo, para servir a Cristo el apóstol Pablo decidió no insistir en ciertos derechos y privilegios.

 

La libertad según Dios conlleva responsabilidad y, por lo tanto, no debe ser un medio egoísta de hacer que los demás nos traten como deseamos. Como dice 1 Pedro 2.16, nuestra libertad no es un pretexto para hacer lo malo, sino que debemos usarla “como siervos de Dios”. Cristo nos dio libertad del poder del pecado para que pudiéramos obedecer al Padre celestial, y parte de la obediencia es servirnos unos a otros con abnegación. El Padre celestial también quiere que sus seguidores compartan las buenas nuevas de salvación y perdón de pecados mediante la fe en el Señor Jesucristo.

 

Si creemos que Cristo nos hizo libres solo para que vivamos para nosotros mismos, entonces no hemos entendido la verdad y estamos abusando de la libertad que tenemos. Pablo comparó la vida cristiana con una competencia en los juegos olímpicos. En el sistema mundial, una persona gana exigiendo sus derechos; pero en la carrera de Dios somos victoriosos cuando nos disciplinamos para obedecerlo y cumplir su voluntad.

 

Fuente: Encontacto.org