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Una nación que honra a Dios

Debido a que el gobierno es instituido por Dios como su “ministro… para el bien” (Ro 13.3, 4 LBLA), funciona mejor cuando los líderes lo honran y obedecen. A lo largo de la historia de Israel, el Señor alabó a los reyes que se sometieron a sus leyes y lo adoraron solo a Él. El curso de la nación era influenciado por las creencias y la conducta de cada rey. Dado que este principio sigue siendo aplicable hoy, los buenos líderes tienen un enorme potencial para afectar de manera positiva a su nación. El Señor guiará y protegerá a los líderes que le teman y busquen su sabiduría y dirección.

 

Pero por muy importantes que sean los gobernantes para el futuro de una nación, sus ciudadanos también juegan un papel vital, en especial en las democracias donde los líderes surgen de entre el pueblo. Los cristianos que comparten su fe y crían a sus hijos en los caminos del Señor, pueden influir en los valores de la nación y en la elección de los gobernantes. Cuando tanto los líderes como los ciudadanos alinean sus criterios con los de Dios, los desvalidos son protegidos, los culpables son castigados y los inocentes son defendidos.

 

Al mirar a su alrededor, es posible que se sienta desanimado. Pero usted puede ser de influencia al demostrar amor y compartir el evangelio. Cuanto más se entienda el amor y la libertad que hay en Cristo, más bendecida será una nación y su pueblo.

 

Fuente: Encontacto.org

El Dios en quien podemos confiar

Muchos creyentes temen que Dios pueda rechazarlos si pecan demasiado, no leen la Biblia a diario o lo disgustan de alguna otra manera. Pero nuestra salvación y confianza en el Padre celestial se basa en su carácter inmutable.

 

La falsa creencia de que el Todopoderoso pueda rechazar a una persona que ha salvado surge de una visión simplista de su naturaleza. Tendemos a atribuir una emoción a Dios en cierto momento; por ejemplo, podríamos asumir que está enojado o que está feliz. En realidad, la naturaleza del Padre celestial es mucho más compleja. Pensemos en nuestras propias emociones simultáneas: así como podemos amar a un hijo incondicionalmente al mismo tiempo que nos sentimos molestos por sus acciones, el Padre celestial también puede hacerlo. Recuerde que la ira justa que lo llevó a amenazar a los israelitas con el castigo no cambió su cuidado por ellos.

 

Algunas personas señalan pasajes como el de hoy para tratar de probar que Dios cambia de opinión y, por tanto, podría reconsiderar lo que ha prometido. Pero Él sabía que Moisés intercedería por el pueblo, al igual que sabe cuándo no cumpliremos con sus normas. El Padre celestial nos rescató de la muerte, y se niega a darles la espalda a sus hijos. La inmutabilidad de su naturaleza significa que el Altísimo nos amará, aun cuando fallemos.

 

 

Fuente: Encontacto.org

Protección contra el orgullo

Uno de los beneficios de la adversidad es que desafía nuestro orgullo. El apóstol Pablo experimentó este tipo de intervención a través de lo que llamó “un aguijón en [la] carne”, y el Señor lo usó para perfeccionar su efectividad como siervo de Cristo (2 Co 12.7).

 

Por lo general, no nos damos cuenta de lo que está en juego cuando permitimos que el orgullo eche raíces en nuestra vida, pero este afecta la manera en que Dios interactúa con nosotros, ya que Él “resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes” (Stg 4.6). El orgullo impide que alcancemos lo que el Padre celestial quiere hacer en y por medio de nosotros. Incluso si el mundo lo ve como exitoso, un ministerio motivado y ejercido por nuestro mero esfuerzo carece de valor a los ojos del Señor.

 

¿Puede ver lo mucho que estaba en juego para Pablo y para los creyentes? El Señor usó al apóstol para establecer iglesias y escribir epístolas que se convertirían en una parte importante de nuestro Nuevo Testamento. Cuando entendió la razón de su “aguijón”, el apóstol Pablo respondió con confianza y gratitud por la sabia y amorosa protección del Señor.

 

Tal vez pueda darse cuenta por qué la adversidad también es beneficiosa para usted. A cada uno de nosotros se nos han dado áreas de influencia. Humíllese hoy para que Dios pueda usarle en gran medida.

 

Fuente: Encontacto.org

 

La Iglesia del Nuevo Testamento

Hoy en día, la palabra iglesia se usa a menudo de manera diferente a como la define la Biblia. Tendemos a pensar en un edificio con un campanario, un servicio matutino o vespertino, o incluso una reunión entre hermanos en la fe. En la Biblia, sin embargo, “Iglesia” significa un cuerpo de creyentes bajo la autoridad de su líder, Jesucristo (Col 1.18). Y de acuerdo con la Palabra de Dios, la Iglesia tiene tres propósitos: adorar al Señor, ministrar a los creyentes y alcanzar a un mundo incrédulo.

 

Cuando exaltamos al Dios vivo y glorificamos su nombre, le demostramos a nuestro Padre que lo amamos. El Salmo 100.2-4 nos anima a “venir a su presencia con regocijo” y a “entrar por sus puertas con acción de gracias… con alabanza”. Los cristianos deben estar dedicados a Dios, tanto de manera personal como congregacional. Enseñar y alentar a los hermanos en la fe produce fruto espiritual en ellos (He 10.24, 25; Col 3.16). Entonces podrán dar a conocer la buena nueva en su propia esfera de influencia: que a través del Hijo de Dios, no solo hay perdón de los pecados sino también vida eterna.

 

Los cristianos se reúnen con regularidad para adorar, animarse, instruirse y alcanzar a quienes no conocen al Señor. ¿Está usted trabajando en su congregación local para alcanzar estos objetivos?

 

 

Fuente: Encontacto.org

Conocer al Padre por medio del Hijo

¿Cómo sabe quién es Dios? Muchas personas hoy en día han llegado a su propia percepción de Él, basándose en sus ideas, razonamientos y deseos personales. Incluso algunos no quieren que nadie interfiera con sus ideas preconcebidas en cuanto a Dios. Esto no es nada nuevo —ocurrió en el primer siglo, al igual que hoy.

 

El Señor Jesucristo vino a su propio pueblo, los judíos. Pero a pesar del testimonio de Juan el Bautista —de que Cristo era alguien que lo superaba a él en rango, y de que existió mucho antes de llegar a la Tierra— no lo aceptaron. Nuestro Salvador vino a morir para salvar a los que creyeran en Él, pero también para explicarles al Padre. El Señor tiene tanto el conocimiento como la autoridad para hacerlo, porque Él es Dios Hijo y el único que ha visto y conoce plenamente a Dios Padre.

 

Por consiguiente, si usted quiere saber y entender quién es Dios, mire al Señor Jesús, no solo en los relatos de su vida terrenal en los evangelios, sino en todo el Nuevo Testamento. Esta es la mejor manera de asegurarse de que no se engañe en su comprensión de Él. Enfrentarse a la verdad ahora es mucho mejor que descubrir demasiado tarde que estuvo siguiendo al dios equivocado.

 

 

Fuente: Encontacto.org

La diferencia entre deseos y necesidades

A veces confundimos deseos con necesidades. Podemos llegar a estar tan centrados en nuestros deseos, que los sentimos vitales para nuestro bienestar. Entonces, cuando Dios no satisface nuestra “necesidad”, nos enojamos o nos frustramos.

 

Si alguna vez nos sentimos así, deberíamos preguntarnos: ¿Es mi petición esencial para cumplir el propósito de Dios o es solo para mi disfrute? Si carecemos de algo para cumplir el plan del Señor, Él responderá cuando oremos para que satisfaga dicha necesidad (Fil 4.19).

 

Dios también se complace en satisfacer los deseos que se ajustan a su voluntad (Sal 37.4). Y aunque Él no está obligado a conceder deseos o cumplir ningún plan que no sea el suyo, dice que quienes lo buscan no tendrán falta de ningún bien (Sal 34.10). Buscar al Señor por encima de todo significa someter nuestros deseos a su voluntad. Y cuando “nos deleitamos en el Señor” (Sal 37.4), Él también perfeccionará nuestros deseos.

 

El Padre celestial quiere ser el mayor deleite de sus hijos: Él es Aquel en quien se encuentran la llenura y la satisfacción. Cuando eso ocurre en la vida del creyente, entonces deja de necesitar muchas “cosas”, entretenimientos o personas para ser feliz. Su gozo está en el Señor.

 

 

Fuente: Encontacto.org

Un festín con la Palabra de Dios

¿Alguna vez ha visto usted comer a un bebé? Agarra el biberón, aprieta los labios y hace ruidos de satisfacción. Disfruta mucho su leche. Pero llega un momento en el cual la leche ya no satisface el apetito de un bebé. Es entonces cuando se abre todo un mundo de posibilidades culinarias.

 

Al comparar a los nuevos creyentes con los bebés, Pedro dijo: “Deseen… la leche pura de la palabra” (1 P 2.2 NVI). Usted no alimentaría a un recién nacido con un bistec y espinacas, ¿verdad? Bueno, los cristianos bebés deben beber a sorbos las verdades de la Biblia para que entiendan, hasta que puedan digerir un festín con los pasajes de la Biblia.

 

Los creyentes no son dejados solos para encontrarle sentido a las Sagradas Escrituras, como tampoco se espera que los bebés y los niños pequeños consigan su comida por sí mismos. El Espíritu Santo ilumina la Palabra, aclarando el significado para aquellos que buscan entenderla. Además, según Efesios 4.11-16, los pastores y los maestros están encargados de equipar a los santos para el servicio. Ellos instruyen, aclaran y motivan a las personas a crecer en su fe personal y a cumplir con el propósito de la Iglesia de alcanzar a los perdidos.

 

La Palabra de Dios es un festín para nuestro corazón, mente y espíritu. Es una mesa de banquete de la que uno nunca se servirá demasiado.

 

Fuente: Encontacto.org

El peligro de un corazón endurecido

Cuando vamos a la iglesia y escuchamos la verdad de Dios, somos responsables de cómo reaccionamos a sus instrucciones y reprensiones. Es fácil aceptar y practicar cosas que conseguimos sin esfuerzo o que son deleitosas, pero si el Señor nos reprende con una verdad que no nos gusta, podríamos tratar de justificar nuestra desobediencia. Tal vez decidamos que cierto mandamiento no se aplica en realidad a nosotros, o que Dios entiende que hay buenas razones por las que no podemos acatarlo.

 

Todas las excusas desagradan al Señor. El rechazo voluntario a obedecer su Palabra tiene un efecto endurecedor en el corazón y, con el tiempo, puede hacernos menos receptivos a la punzante reprensión del Espíritu Santo. Esto puede parecer que haga la vida más agradable a corto plazo, ya que no nos sentimos tan culpables, pero los resultados finales son dolorosos.

 

La próxima vez que se sienta tentado a ignorar un mandamiento divino, recuerde lo que le costó al endurecido y desobediente corazón de Israel. En vez de confiar en Dios, se negaron a entrar en la tierra prometida. Como resultado, no se establecieron en su propia tierra, sino que deambularon por el desierto durante cuarenta años hasta que esa generación murió. Aprendamos de los errores de los israelitas y oremos por corazones que sean receptivos a la voz del Señor.

 

 

Fuente: Encontacto.org

 

El material de construcción adecuado para el creyente

La vida del creyente se construye sobre el fundamento de Jesucristo. Una manera de pensar en esto es que cada motivo, acto y palabra sea un material de construcción para nuestra casa espiritual. Todo lo que hemos dicho y hecho en el nombre de Dios será parte de esta estructura, pero también incluirá nuestro pecado y las buenas acciones hechas por motivos egoístas. Sin embargo, no todo durará; algún día, cuando estemos en la santa y justa presencia del Salvador, lo único que permanecerá es lo que hayamos hecho para glorificarlo.

 

El apóstol Pablo advirtió a los creyentes que construyeran con cuidado porque en el día del juicio, el fuego pondría a prueba la calidad de la obra de cada persona; esto se refiere a la presencia purificadora de Cristo. El juicio de los creyentes determinará las recompensas. En la parábola del mayordomo injusto, el Señor explicó el concepto básico a sus discípulos: “El que es fiel en lo muy poco, también en lo más es fiel” (Lc 16.10). Nuestro tiempo en este mundo es el comienzo de una eternidad sirviendo y regocijándonos en el Señor.

 

Las personas sabias planifican para el futuro (Pr 27.12). Yo quiero recibir toda la bondad de Dios, así que estoy decidido a construir con materiales duraderos. El privilegio de servir aquí es solo el comienzo de las recompensas. En el cielo, la generosidad de Dios se desplegará con más abundancia.

 

 

Fuente: Encontacto.org

Para conocer a Dios

Todas las personas quieren ser apreciadas y comprendidas. Esto también se aplica a la forma en la cual Dios ve nuestra relación con Él. Si bien Él conoce cada uno de nuestros pensamientos y puede contar los cabellos de nuestra cabeza, nosotros también deberíamos aprender sus caminos; es decir, cómo piensa, qué lo motiva y cuáles son sus planes y propósitos.

 

Aunque deseemos conocer la mente de Dios, Él deja muy claro que, humanamente hablando, es imposible. En Isaías 55.9 nos dice: “Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos”. Por eso nos da su Espíritu —para enseñarnos y revelarnos lo que de otra manera no seríamos capaces de entender (1 Co 2.11-13).

 

Recordar dicha verdad es necesario si queremos relacionarnos con Dios (Jer 24.7). Por eso debemos conocer sus caminos antes de que podamos andar en ellos (Ex 33.13). Por supuesto, seguir al Señor no garantiza una vida sin dolor. Sin embargo, tenemos la seguridad de que nos ama y nos dará fuerzas para seguirlo, sin importar a dónde nos lleve el camino.

 

Al andar en los caminos de Dios, Él nos da todo lo que necesitamos para tener la vida abundante que promete la Biblia. Él es un Padre amoroso que concede tal bondad y generosidad a sus hijos.

 

Fuente: Encontacto.org