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Vince Carter anuncia retiro tras 22 años en la NBA

Adiós de Vince Carter, la más añeja leyenda de la NBA. El escolta, de 43 años, confirma que deja la liga después de 22 temporadas, donde jugó en ocho equipos diferentes. Dio la noticia en conversación con el programa Winging It, confirmando lo proyectado cuando se anunció la vuelta de la actividad. 

 

La noticia que ningún fanático de la NBA quería escuchar, finalmente se hizo oficial. Luego de 22 años de carrera en el básquetbol profesional, el escolta Vince Carter anunció su retiro definitivo de las canchas, cumpliendo con la palabra que ofreció previo a la presente temporada y confirmando lo que se proyectaba cuando se comunicó la vuelta de la actividad.

 

La noticia fue confirmada por el propio jugador, en conversación con el podcast Winging It, donde se tomó un tiempo para recordar sus mejores momentos dentro del deporte y dijo las palabras que conmovieron a los aficionados: «oficialmente, anuncio que no jugaré más baloncesto profesional».

 

Por su parte, Atlanta Hawks, el último equipo donde jugó Air Canada, realizó una declaración en su sitio oficial, donde declaró que «en los últimos dos años, Vince Carter ha sido un líder comprometido, un mentor respetado y un ejemplo influyente en la cancha, en los vestuarios y en la comunidad de Atlanta».

 

«A lo largo de su histórico viaje de 22 años que abarca cuatro décadas diferentes sin precedentes, su arco de carrera en evolución fue tal vez como ningún otro en la historia de la liga: desde el Top 5 Draft Pick hasta el Novato del Año, el Campeón Slam Dunk, la superestrella y el ocho veces All-Star a Twyman-Stokes, compañero de equipo del año y valioso jugador de rol», indicó la institución.

 

Escogido en el Draft de 1998 proveniente de la Universidad de North Carolina, Vinsanity jugó en ocho franquicias, fue ocho veces elegido para el Juego de las Estrellas, y además ganó dos títulos como parte del Dream Team de Estados Unidos, en los Juegos Olímpicos de Sydney 2000 y el Mundial de San Juan 2003.

 

Equipos en los que militó

 

Toronto Raptors (1998-2004)
New Jersey Nets (2004-2009)
Orlando Magic (2009-2011)
Phoenix Suns (2010-2011)
Dallas Mavericks (2011-2014)
Memphis Grizzlies (2014-2017)
Sacramento Kings (2017-2018)
Atlanta Hawks (2018-2020)

 

 

 

La columna de Ginóbili en LA NACION: «Cuando volví a agarrar la pelota, ya no me pasaba lo mismo de siempre»

Me siento a escribir, como dije en el tuit del anuncio de mi retiro, con una gran mezcla de sensaciones. Muy entusiasmado por la decisión tomada y por lo que se viene, pero también con bastante incertidumbre de no saber cómo me adaptaré al día a día sin pensar en el próximo partido. Es que hice solamente esto durante toda mi adultez. Desde los 18 que me fui a La Rioja y no paré de jugar hasta hace un par meses. Va a ser raro, sin dudas, pero creo que estoy bien preparado y muy, pero muy bien acompañado para afrontarlo.

 

Además, tampoco puedo decir que fue una decisión apurada o inesperada. Tengo 41 años, lo estiré bastante el temita este del básquet ¿No? No sólo eso, en mi cabeza, la temporada pasada fue en todo momento «la última». Nunca lo exterioricé porque no tenía ningún sentido limitar mis opciones, quería dejar la puerta abierta por las dudas que cambiara de idea o que siguiera sintiendo la fuerza física y mental que se necesita para afrontar una temporada de este estilo.

 

Al terminar la temporada dejé, como era habitual, pasar un mes o dos para ver cómo me sentía y en una reunión antes de viajar a Canadá de vacaciones, le dije a Pop que me veía más afuera que adentro, pero que nos íbamos a mantener en contacto y que hablábamos a mi regreso. Durante nuestras vacaciones, hablamos bastante con Many sobre la concreta posibilidad que esta vez sí fuera la vencida, pero nunca nos animábamos a confirmarlo ni creerlo del todo. Es que seguía queriendo dejar esa opción en caso que al volver a San Antonio algo me despertara el deseo de seguir y me volviera a llamar hacia la cancha, pero pasó lo contrario. Regresé y me puse a hacer pesas, agarré la pelota, miré a los más jóvenes entrenarse y romperse el lomo para estar bien para la pretemporada y a mí, sin embargo, todavía me dolían los últimos dos golpes de la temporada anterior. De a poquito me fui convenciendo de la decisión a tomar. Indica: La Nación

 

De todos modos tuve que esperar unos días a que Pop volviera de su viaje a Europa, porque quería que fuese él el primero en saberlo y el primero con quien charlarlo.

 

Este 27 de agosto me tocó el momento de hacerlo público. No se imaginan la tensión que pasé frente a la computadora antes de apretar «Enter». No estoy seguro por qué, ya que estaba convencido de lo que tenía que hacer y que era la decisión correcta, pero fue muy loco. Estoy convencido y feliz del paso que di. Es difícil de explicar todo lo que sentí. Inmediatamente después experimenté un gran alivio y pensé que me iba a poder desconectar, pero empezaron a llegar los mensajes y no pude evitarlo. Algunos realmente me emocionaron. en realidad, nos emocionaron, porque Many, mi mujer está en la misma que yo. Ella también se retira y está viviendo lo mismo. Es que con Many viví 21 de estos 23 años, sufrió con todos los campeonatos, festejó, lloró, gritó, los vio desde lejos, de cerca, se bancó hasta dos meses que yo estuviera fuera de casa durante campeonatos con la selección, cuando podrían haber sido momentos de vacaciones familiares y miles de cosas más. Se hizo cargo de la casa en todos esos momentos, de los nenes, de que no me despertaran antes de un partido importante. Además mi apoyo moral después de las derrotas dolorosas y la compañera de festejos de muchas victorias. En fin, la lista continuaría un par de páginas más.

 

No debo ser el único que vive y siente todo esto al retirarse, supongo que debe pasar en todo ambiente laboral, solo que en el basquet tener esta familiaridad que logramos en San Antonio es muy poco habitual. Jugar con varios compañeros por casi 16 años, con el mismo entrenador y ver muchas de las mismas caras todos los años genera un sentido de pertenencia muy fuerte. No quiero entrar a nombrar gente porque seguro que terminaría siendo injusto con varios. Lo dije en mi tuit, inmensamente agradecido con todos.

 

Lo que le dejé en claro a Pop es que no es un «chau, me voy». Mis hijos ya empezaron las clases y mientras esté en la ciudad voy a estar cerca del equipo y de la franquicia, tal vez no pueda ayudar más sacando una falta en ataque o con algún robo o algo, pero trataré de sumar en lo que pueda, tengo un gran aprecio por mis compañeros, por el staff y toda la gente del equipo y quiero que le vaya lo mejor posible. Si puedo ayudar desde afuera, lo haré con mucho gusto.

 

También puedo decir que no me quedé con las ganas de nada, jugué hasta que tuve ganas, algunos se tiene que retirar por lesiones o demás cuestiones antes de tiempo, pero yo jugué hasta pasados los 40 años. La verdad es que no me quedó nada pendiente. Es más, me di el gustito en los últimos tres años de jugar como uno quisiera hacerlo con sus amigos, sin sentir la presión de ser el responsables exclusivo de lo que pueda suceder, con la sensación de ‘yo ya di todo lo que pude’. Jugué porque me gustó hacerlo, por mi respeto y aprecio al lugar en el que estaba. Y agradecí de la forma en la que pude en mi tuit, porque es mucha con la gente que compartí a lo largo de este camino. Una de las mejores cosas que me llevo es que con todos los compañeros con los que jugué, son 254, nunca tuve una pelea y lo mismo con los entrenadores. No tuve tantos, está claro, pero con los 9 técnicos que trabajé me llevé bárbaro, con aprecio y respeto por el trabajo mutuo. Pero también hay mucha gente que no está en primera plana y que se rompe el lomo para que nosotros estemos en condiciones de jugar. Insisto, no salen en los titulares ni son tan reconocidos, pero son fundamentales para cualquier organización.

 

Además es importante reconocer que me convertí en el jugador que fui cuando pasé por Europa. Más allá de los éxitos deportivos que tuve en Bologna o lo que crecí en Reggio Calabria, todo lo que me tocó aprender allí me sirvió para después poder competir al más alto nivel en la NBA.

 

 

Todo fue especial en mi carrera porque no es común estar tanto tiempo en un equipo de la misma manera que no se dan procesos en selección en los que un puñado de jugadores compartan con casi 20 años juntos, con Spurs y la Generación Dorada. Tuve la fortuna de formar parte de dos grupos que han tenido una relevancia increíble en el deporte y en todos los casos encontré una calidad humana imposible de igualar. A nivel profesional haber tenido esa posibilidad es sin duda asombroso.

 

Y a los aficionados también les digo gracias porque me adoptaron desde el primer día. Entiendo que deben haber ayudado mis orígenes latinos y mi español, lo que colaboró para mi vínculo con la gente y eso me permitió una conexión única durante 16 años, con un afecto especial y un respaldo incondicional. Y con respecto a los hinchas argentinos, la verdad es que no tengo palabras, lo que vivimos, por ejemplo en Mar del Plata y en Río de Janeiro, será muy difícil de olvidar. Las emociones que viví con la selección no son fáciles de explicar en un par de líneas. Y lo que me tocó profundamente fue mi último partido en los Juegos de Río 2016. Fue una muestra de cariño impactante. Además, ver en los últimos años el paso constante de los argentinos por San Antonio para verme jugar fue sencillamente increíble. Sé de los esfuerzos que hacían por estar y eso conmueve.

 

Y bueno, ahora comenzará el momento de pasar más tiempo con mi mujer y con mis hijos. De disfrutar tiempo de calidad en la Argentina con mi familia y amigos. De comer la polenta a la tabla de mi viejo y los asados con amigos. De pasar la segunda mitad de mi vida con mucho menos responsabilidades y sin exponer tanto mi cuerpo, que es el único que tengo. En definitiva, voy disfrutar de tener tiempo disponible, porque es lo que todo el mundo persigue y yo ahora lo tengo a los 41 años. Gracias a todos por apoyarme en este largo viaje.

 
 
Por: Manu Ginóbili

Ginóbili considerado el Maradona del básquetbol Argentino

De Bahía Blanca a conquistar la NBA. De ver con apenas ocho años por la televisión cómo Diego Maradona ganaba el Mundial México-1986 a convertirse en el mayor ídolo deportivo de Argentina de las últimas décadas, con permiso de Lionel Messi. De ser Emanuel a “Manudona”.

 

A sus 41 años, Ginóbili decidió este lunes dejar las canchas. Ahora, el Salón de la Fama le espera.

 

“A los 15 años nada me hacía pensar que me iba a destacar como basquetbolista. No era un prodigio. Era muy flaquito. Era muy chiquito. Lo único que podía llegar a diferenciarme era la gran pasión que sentía por lo que hacía”, señaló durante una charla sobre motivación, talento y liderazgo llamado “Be a Team” en Buenos Aires hace meses.

 

Y esa pasión lo transformó en leyenda, en ser uno de los jugadores más influyentes de la historia de la mejor competición basquetbolística del mundo.

 

“Nunca ha habido un jugador como Ginóbili en la NBA, ni en estilo ni en sustancia”, publicó hace unos meses el prestigioso medio ESPN, que lo situó en el puesto 32º por delante de mitos del calibre de John Stockton (38), Penny Hardaway (55), Karl Malone (61) o Tracy McGrady (68) y por delante de jugadores en activo como James Harden (53), Kevin Durant (54) y Pau Gasol (96).

 

Hablar de “Manu” es hacerlo de aquel chico que nació el 28 de julio de 1977 en Bahía Blanca, en la provincia de Buenos Aires. Es hacerlo de ese niño que disfrutaba con el balón en las manos, que jugó en las inferiores del Club Estudiantes, pasó como profesional por el Club Andino de la Rioja y ganó la Euroliga en 2001 con el Kinder Bolonia antes de marcharse a los San Antonio Spurs.

 

Pero sería quedarse corto. Ginóbili triunfó en Europa antes de dar el salto a la NBA, donde se convirtió en uno de los jugadores más especiales de la historia de la competición, y lideró al combinado albiceleste que batió en unos Juegos Olímpicos a la selección estadounidense en una de las mayores gestas de la historia del deporte contemporáneo.

 

“(Es) la estrella más grande que ha existido en aceptar un rol permanente en el banquillo”, apuntó ESPN sobre él.

 

 

– Clave de un equipo irrepetible –

Manu fue elegido en el puesto 57 (de 60) del draft de 1999 por las “Espuelas”, que ese año acababan de ganar el anillo al batir en las Finales a los Knicks de Nueva York liderados por sus “Torres Gemelas”, Tim Duncan y David Robinson.

 

Duncan había sido elegido un año antes y ya era una estrella de la competición. Sin embargo, Ginóbili se quedó en Europa, dirigiendo al Bolonia al título del máximo torneo continental antes de saltar el charco en 2002.

 

“Le dije a Tim (Duncan): ‘este tipo está llegando, y nadie en los Estados Unidos sabe lo bueno que es’”, recordó Popovich.

 

Allí, junto a Duncan y el francés Tony Parker conformó un trío de leyenda, uno de los equipos más exitosos del deporte norteamericano, con cuatro anillos en poco más de una década (2003, 2005, 2007, 2014) y el reconocimiento mundial de una cultura baloncestística que traspasaba fronteras.

 

Pioneros en el reclutamiento y explotación de jugadores extranjeros, los Spurs le abrieron las puertas y Ginóbili las echó abajo, siendo figura clave de una escuadra histórica, ganando el premio al Mejor Sexto Hombre de la NBA en 2008 e incluso siendo elegido en el tercer mejor quinteto de la liga.

 

Sus promedios de 13,3 puntos, 3,8 asistencias y 3,5 rebotes por partido no llegan a explicar ni un ápice su impacto sobre la pista. Su competitividad nunca tuvo límites. Su inteligencia, tampoco. Frente a rivales más altos, más fuertes y mejores él siempre encontró la fórmula para dejar su sello.

 

Por todo ello, el general mánager de los Spurs, R.C. Buford, ha asegurado en numerosas ocasiones que el albiceleste “ha jugado una parte tan importante como Tim (Duncan) en construir nuestra cultura”.

 

1057 partidos de temporada regular y 218 de playoff así lo atestiguan, así como sus 14,042 puntos, 4,001 asistencias, 1,392 robos y sus dos participantes en el Juego de las Estrellas.

 

– Líder de una Generación Dorada –

Un superdotado técnicamente, Ginóbili acabó con las (escasas) dudas que existían sobre él al liderar a Argentina al subcampeonato en el Mundial de Indianápolis en 2002. Con 25 años, daba el salto a Estados Unidos, antes de firmar en 2004 una de las mayores hazañas de la historia del deporte.

 

En Atenas-2004, en semifinales, la Albiceleste chocaba frente al combinado norteamericano, capitaneado por Duncan, Allen Iverson, Stephon Marbury y Lamar Odom y en el que ya asomaban LeBron James y Dwyane Wade.

 

Pero, con 29 puntos de Ginóbili, secundado por Andrés Nocioni, Luis Scola o Fabricio Oberto, el David argentino batió 89-81 al Goliath estadounidense para avanzar a la final, en la que se colgó el oro al superar también a Italia.

 

Se coronaba una Generación Dorada e irrepetible por sus hitos pero también por su conexión con todo el país, solo comparable con aquella Albiceleste campeona en el Mundial de fútbol de México-1986.

 

Y Ginóbili, premiado como mejor jugador del torneo, era su Maradona.

 

Por En Segundos

En inicio de homenajes, ‘Big Papi’ se viste de héroe en Fenway

david-ortiz-3En la noche en que los Medias Rojas de Boston comenzaron a celebrar su retiro, David Ortiz se vistió de héroe, bateando jonrón ganador y remolcando tres carreras en un triunfo 5-3 sobre Azulejos de Toronto, el viernes, en el Fenway Park.

Ortiz bateó sencillo que impulsó una vuelta contra el mexicano Marco Estrada en la primera entrada y un jonrón de dos vueltas para quebrar un empate 3-3 en el cierre de la séptima contra el relevista Brett Cecil, ayudando a Boston a quebrar una racha de tres reveses y mantenerse en la carrera por el mejor récord de la Liga Americana.

Antes del partido, Ortiz recibió el primero de tres homenajes consecutivos que tendrán los Medias Rojas en el último fin de semana de la temporada regular para reconocer su carrera de 20 temporadas, incluyendo 14 en Boston.

»Me sentí muy bien esta noche, diferente a NuevaYork, donde por alguna razón… la alineación fue diferente en cada juego, no me sentí cómodo», dijo Ortiz, quien venía de irse de 10-0 con cuatro ponches en los tres juegos anteriores contra Yankees en el Bronx, la primera vez en su carrera en que se quedó sin un imparable en una serie en la casa de los rayados.

»Esto es la casa, cuando jugamos en la casa, sentimos la energía de los fanáticos y eso nos impulsa», dijo Ortiz, quien batea .316 y lidera la Liga Americana en carreras impulsadas (127), dobles (48), extrabases (87), slugging (.625) y OPS (1,022), por mucho, la mejor temporada de un pelotero de 40 o más años de edad o en su temporada de retiro.

»Gracias a los aficionados de Boston por el apoyo durante todos estos años. Bendiciones a todos», dijo Ortiz a los aficionados que desafiaron el frío y la lluvia para llenar por completo el legendario Fenway Park la noche del viernes.

Ortiz es el oponente que más jonrones (62), dobles (70), extrabases (134) y carreras impulsadas ha conseguido contra Toronto en la historia de 40 años de la franquicia candiense. Solamente Derek Jeter (341) y Robin Yount (263) han conectado más hits que Ortiz (257) frente a los pitchers de los Azulejos.

 

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