Archivo de la etiqueta: Víctima

El acoso laboral en República Dominicana ¿Sabes qué hacer?

En la Justicia Dominicana son pocos los procesos judiciales en curso por la comisión de estos tipos penales, que a pesar de ser frecuentes, no pasan de un buen boche o advertencia y las víctimas difícilmente accedan a judicializar estas agresiones.

 

Las mujeres son las más asediadas sexualmente en el ámbito laboral, sin dejar de mencionar los casos que afectan al género masculino.

 

En las áreas de trabajo, el acoso sexual, podemos asimilarlo a una conducta atípica no deseada, molestosa, de naturaleza sexual, que hace que la persona que la recibe, se sienta incómoda, a veces temerosa y cuyo asedio podría transformarse en timidez o desconcentración del trabajo.

 

En la República Dominicana, el actual Código Penal Dominicano castiga esta práctica incómoda en su artículo 333, Párrafo 2, cuando dispone que “Constituye acoso sexual toda orden, amenaza, constreñimiento u ofrecimiento destinado a obtener favores de naturaleza sexual, realizado por una persona (hombre o mujer) que abusa de la autoridad que les confieren sus funciones”, y establece penas de un año de prisión y multa de cinco mil a diez mil pesos.

 

Las mujeres víctimas de acoso y según la gravedad del hecho, pueden también disponer de lo previsto por el artículo 333, del Código Penal Dominicano que del mismo modo establece que “Toda agresión sexual que no constituye una violación, se castiga con prisión de cinco años y multa de cincuenta mil pesos”.

 

Una agresión sexual puede ser tanto en su trabajo, como en cualquier lugar, y no necesariamente llega al grado de violación, como es el hecho de agarrarle las nalgas, los senos, la pelvis y otras partes íntimas sin su consentimiento,pegarla a la pared en actitud sexual, intentar besarla, mostrarle sus genitales, manoseos, jalones o pellizcos sexuales, sentar a las víctimas sobre las piernas o partes íntimas del agresor, los tocamientos y acercamientos innecesarios, sorprenderla con contactos físicos e insinuaciones, observaciones sexuales, envío de material pornográfico sin su consentimiento, jalarle la ropa y ropas intimas de modo sexual, propagar rumores sexuales acerca de la víctima, exigencia de besos verbales o de hecho besarle el cuello o morderla con intención sexual y pintar grafitis sexuales acerca de la víctima en las paredes de los baños y vestuarios públicos o de trabajo.

 

Un acoso sexual puede ser enviarles mensajes o notas sexuales, las peticiones de favores sexuales, comentarios o miradas sexuales,el acechamiento y observación no consentida mientras usa el baño, los tocamientos y acercamientos innecesarios, sorprenderla con contactos físicos e insinuaciones. Haciendo una comparación entre el acoso y las agresiones sexuales, ambas se encuentran estrechamente vinculadas, según la gravedad de los hechos, teniendo en cuenta el modo, la forma, el lugar, el tiempo y los medios empleados.

 

Para que estas situaciones constituyan delito de acoso sexual laboral para la persona que es víctima del mismo, esta acción debe ser de carácter desagradable, ofensivo y contra su voluntad, según lo estableció la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

 

Estos tipos de conductas pueden ser humillantes para quien la sufre y podría constituir un problema de salud, que se traduce en nerviosismo y desconcentración , falta de sueño y ansiedad, traumas emocionales, estrés, depresión, sentimientos de baja autoestima, dolores de cabeza, problemas gastrointestinales e hipertensión, cambios en el comportamiento vinculados al aislamiento y deterioro de relaciones sociales y laborales, aumento de la posibilidad de accidentarse por desconcentración, disminución de la productividad en la empresa, desmotivación, temor de hablar de lo ocurrido, temor a no ser escuchada en los centros judiciales, temor a la crítica de sus compañeros de trabajo, temor a no encontrar medios probatorios ni testigos que le ayuden, temor a ser mal interpretada, sensación de culpabilidad, temor a las represalias, temor a la perdida de sus derechos adquiridos, así como sensación de inseguridad y de posible discriminación, cuando la mujer tenga motivos suficientes para creer que su negativa podría causarle problemas de estabilidad en su trabajo, o en el reconocimiento de su labor, o para poder ser ascendida o cuando esta situación incómoda le crea un medio de trabajo hostil.

 

Del mismo modo, el Código de Trabajo Dominicano le ofrece un salvo conducto a la mujer víctima de esta práctica odiosa, ya que en sus artículos 96 y 97, habla sobre la terminación del contrato de trabajo por dimisión del trabajador, considera como una causa justificada, cuando el trabajador prueba que su empleador, los parientes de este o sus dependientes incurran en falta de probidad, honradez, en actos o intentos de violencia, injurias o malos tratamientos contra el trabajador o contra su cónyuge, padres, hijos y hermanos. Aun fuera del servicio, si son de tal gravedad que hagan imposible el cumplimiento del contrato de trabajo.

 

Por igual, está prohibido a los empleadores, según el artículo 47, acápite 9 del Código de Trabajo Dominicano que,“Ejercer acciones contra el trabajador que puedan considerarse de acoso sexual, o apoyar o no intervenir en caso de que lo realicen sus representantes”.

 

De ser aprobado el nuevo Código Penal Dominicano, éste impondría sanciones aún más drásticas a las agresiones sexuales, ya que en su artículo 129 establecería que “Constituye agresión sexual todo atentado lascivo o lujurioso cometido contra una persona con violencia, constreñimiento, amenaza, sorpresa, engaño o por cualquier medio que invalide o anule su voluntad” (Forzarla).

 

Y en su artículo 137, establecería que “Las agresiones sexuales, diferentes a la violación y al incesto, serán castigadas de 4 a 10 años de prisión mayor y multas de 4 a 10 salarios mínimos del sector público”.

 

De igual modo, en su artículo 142, establecería que “Constituye acoso sexual el acto de apremiar, perseguir, hostigar o constreñir, mediante requerimientos, promesas, ordenes o amenazas a una persona, cometido por otra que abusa de su posición de autoridad o jerarquía o de la función que ostenta o de cualquier situación ventajosa, para obtener un favor sexual para sí o para un tercero”. Y según su artículo 143 seria sancionado de dos a tres años de prisión y multas de 7 a 9 salarios.

 

Es oportuno aclarar que, para alegar un hecho o imputación de este tipo, es de rigor probarlo, más allá de toda duda razonable para destruir la presunción de inocencia del infractor.

 

A medida que una mujer calla el sufrimiento de estas agresiones, es doblemente víctima, por eso debe motivarse a frenar este delito.

 

Es evidente que cuando la empleada mantiene la relación de coqueteo y sexualidad con su patrono de manera voluntaria, no se configuran ninguno de estos tipos penales, si no que en lo que sería ya una relación de pareja, pueden intervenir los tipos penales de violencia de género o de violencia intrafamiliar.

 

Por César Amadeo Peralta.

La forma de acoso más peligrosa del mundo moderno es «El Ciberbullying»

Todos cuando estábamos en la escuela hemos conocido a alguien a quien le gustaba ir fastidiando a los demás ya sea por su ropa, por su forma de hablar, tal vez por sus raíces culturales o porque simplemente por su timidez no se defendía, las razones eran muchas.

 

Este adolescente o grupo de adolescentes siempre eran suspendidos por la escuela o castigados por sus padres, pero seguían haciendo lo mismo, ya sea en el colegio o en su entorno.

 

Las burlas y demás quedaban entre el grupo y cuando la víctima regresaba a casa podía estar a salvo, pero con la llegada de la tecnología eso ya no es posible.

 

La mayoría de los niños y adolescentes cuenta con perfiles en redes sociales y en diferentes plataformas de mensajería, donde se pueden crear grupos y compartir diferente clase de información, imágenes y videos.

 

El sólo hecho de contar una historia, sea cierta o falsa, y que desfavorece o agrede a un tercero, se puede pasar de mensaje en mensaje o publicarse en cualquier red social convirtiéndose en blanco fácil de críticas, insultos y hasta en agresiones físicas.

 

No hacen falta muchas fotos o videos para desprestigiar a alguien, con sólo una publicación se puede denigrar la imagen de cualquier persona y si no se detiene desde un principio, las consecuencias pueden ser fatales como lo hemos podido ver a lo largo de los años en diferentes lugares del planeta.

 

España se encuentra en cuarto lugar, entre los países con más casos de bullying en el mundo, de acuerdo a una encuesta realizada por la ONG Internacional Bullying sin Fronteras. Lo han superado México, Estados Unidos y China, en ese orden. Pero estas cifras son en base a las denuncias registradas, pero ¿cuántas más habrá y que quedan en el anonimato?

 

Es muy probable que la víctima pida ayuda de diferentes maneras, pero a veces son poco perceptibles por los padres.

 

Se cree que no llegará a mayores y que es cosa de chicos propios de su edad o tal vez por lo estricta que es la familia tiene miedo a ser castigado o que lo culpen por lo que le está sucediendo. En ambos casos la soledad en la que se encuentra puede desencadenar que tome las peores decisiones.

 

Hay varias maneras de poder ver si un menor está siendo acosado

Deja repentinamente de usar la computadora o su móvil. Antes andaba metido navegando en internet y de un momento a otro ya no lo quiere hacer o se pone nervioso al momento de usarlo, puede que sepa que hay algo con lo que lo están molestando y no se siente nada cómodo.

 

Se encierra en su cuarto o se ve deprimido. Ya no cuenta con la alegría que lo caracteriza, se retrae o anda pensativo. Este cambio está muy ligado con dejar de lado el uso del internet.

 

No quiere que nadie lo moleste y con frecuencia se enfada, cuando antes no lo hacía. Si su carácter era dócil y ahora todo le afecta, grita y quiere que lo dejen sólo, es porque algo le está estresando.
Estos cambios no deben pasarse por alto, sobre todo en esta época que es tan fácil empoderar a alguien, como denigrarla.

 

¿Qué hacer si nuestro hijo es acosado o es el acosador?

 

Ambas situaciones son difíciles para cualquier padre y más aún cómo reaccionar ya que esta por medio las emociones y sentimientos de los hijos. Veamos los dos casos por separado:

Si nuestros hijos están siendo víctimas de acoso, lo primero que debemos hacer es brindarles todo nuestro apoyo y ser totalmente abiertos para escuchar y entender lo que está pasando y las razones por las que suceden estos acoso, sin juzgar, sin recriminar. Hay que recordar que ellos están aprendiendo a vivir y no cuentan con la experiencia que uno ya tiene.

 

Una vez que sabemos que está pasando, recolectemos toda la información publicada o enviada como sustento para reclamar ante las autoridades competentes, sea al colegio o a la policía, esto dependerá de dónde y cómo suceden los hechos.

 

Cabe recalcar que a veces la mejor manera es no hacerles caso para que se cansen de provocar a la víctima, pero si esto sigue se procede con las denuncias respectivas.

 

Si nuestros hijos son los acosadores. Hay que comprender porque lo hacen, muchas veces es una forma de desfogar sus sentimientos y emociones provocados por los problemas en casa o por el maltrato que ellos puedan sufrir, sea emocional o físico. Es necesarios explicarles que burlándose o humillando a los demás no solucionarán sus problemas, al contrario, creará una mala imagen que lo puede perseguir toda su vida.

 

Cabe la posibilidad que no sepan qué están haciendo mal porque siempre han vivido rodeados de violencia, ya sea emocional o físico. Aquí la solución escapa del entorno familiar y se debe recurrir a ayuda profesional.

 

Para proteger a los menores de edad de ciberbullying los padres pueden usar aplicaciones de rastreo móvil especialmente diseñadas para monitorear los teléfonos celulares de sus hijos.

 

Estas apps tienen una gama amplia de las funciones que permiten espiar WhatsApp, leer los mensajes de Fcebook Messenger igual que ver los chats de Snapchat e Instagram, los redessociales y mensajeros instantáneos más usados entre los adolescentes.

 

Es bueno confiar, pero también siempre es mejor saber, prevenir y proteger a su hijo de posibles peligros y consecuencias trágicas.

 

Según los expertos, los efectos de un asalto pueden inferir en las tareas usuales de la víctima

A Wilkin Jiménez, de 36 años, la delincuencia motorizada lo “agarró de sorpresa”. El mes pasado, en el sector Manoguayabo, seis personas, en tres motores y con tres pistolas en mano, lo asaltaron para despojarlo de su motor; medio de transporte que usaba cada mañana en su trabajo como mensajero.

“Me quitaron el motor, la cartera con todos los documentos personales, todo, todo, todo. Licencia, seguro, tarjeta de cobrar, cédula, carné, el seguro de los muchachos de la familia, 2,500 pesos que había dentro y que eran para hacer un pago”, cuenta Jiménez.

Hoy, este hombre, quien afirma que luego de esta experiencia se quedó “con los nervios de punta”,  tiene que moverse en un motor prestado para continuar sus labores y poder saldar una deuda de RD$38 mil que aún debe de la motocicleta que le quitaron.

Jiménez reportó el hecho a las autoridades. “Fui a la policía, pero como siempre, nunca hacen nada”, resalta.

Para él, y para muchos otros que han vivido la misma experiencia, caminar por las calles del país es motivo de preocupación y miedo. “Ando con más cuidado pero inseguro porque ya pasé el primer susto y no quiero el segundo”, reitera Jiménez, con serena incomodidad.

Cientos de esos robos y atracos los realizan individuos que se desplazan en rápidas motocicletas, por su facilidad para huir de la escena. La tendencia no sólo causa pánico en conductores y peatones, sino además un daño moral a quienes a diario se desplazan en motos. El celo policial es mayor sobre los motoristas, aun cuando quienes usan este medio de transporte para robar son los menos, si se toma en cuenta que en el país hay un millón 803 mil 328 motocicletas, según el boletín 2014 de la Dirección General de Impuestos Internos (DGII).

La víctima luego del asalto

“Las secuelas psicológicas de un asalto van a variar de acuerdo con varios factores: la personalidad de la víctima, su historia, recursos personales, las circunstancias del asalto y la respuesta familiar, comunitaria y social frente al mismo”, explica a Metro la psicóloga Miguelina Justo.

La especialista en conducta humana describe que “cuando la víctima del asalto ha percibido que su integridad física ha estado comprometida y ha sentido temor ante ello, puede que presente síntomas como ansiedad, que se manifiesta por irritabilidad, inquietud, pobre concentración, o respuestas exageradas de sobresalto. Además –según la experta– puede reaccionar como si estuviera reexperimentando la situación a través de pesadillas y pensamientos.

Justo también asegura que las víctimas de asaltos podrían perder la sensación de seguridad necesaria para transitar y vivir con cierta libertad.  “Quizás esto es lo más preciado que las víctimas pierden”, resaltó. Sin embargo, subrayó que hay quienes salen a camino y logran superar este tipo de situaciones.

“El apoyo familiar, comunitario y social son importantes, ya que la adecuada respuesta de protección de estos elementos puede contribuir a la recuperación y más aún a que las víctimas atribuyan nuevos significados a sus vidas, y se digan a sí mismos y a los demás, ¡Yo sobreviví y puedo ayudar a otros a que lo hagan!”, destaca.

Perfil de un sospechoso

Un oficial policial, que no quiso identificarse por falta de autorización, afirma que al momento de interceptar a un motorista se toma en cuenta la zona donde transita. “Tú identificas a un delincuente por su actitud, que no es la misma que la de los demás”.

También describe que “por lo regular es en las noches que la Policía hace esos operativos” de requisa y puso el ejemplo de “un delivery que circula en las proximidades de un punto de droga; es posible que el agente lo detenga por parecerle sospechoso”, a diferencia de un motorista que va y viene de la parada que es su puesto de trabajo.

Para este “comportamiento desviado”, como definen los psicólogos, el motor se ha convertido en la mejor herramienta y la de más fácil acceso, de manera especial las motocicletas RX 115, por poseer una velocidad por encima de los 150 kilómetros por hora.

Trabajadores confundidos

A Rosario Abreu, presidente de la Asociación de Motoconchistas Avenida 27 de Febrero con Defilló, con 20 años en este oficio, no lo han confundido con ladrones “porque cuando me paran yo se lo pongo claro y le digo, yo soy un hombre de trabajo. Le pregunto ‘¿usted me ha visto a mí fichado algún día?’”.

A Juan Valdez, motoconchista de 30 años de edad, lo paran a diario, según dice, porque anda en un motor. “Ellos nos consideran a todos como delincuentes, pero los verdaderos delincuentes son ellos”, expresa de manera enfática.

“Normalmente, piden papeles pero tú sabes que el motorista nunca está completo. Te dicen que con o sin papeles vas para el destacamento y si tú no tienes dinero es para allá que vas (…) No es que te piden dinero, es que el motorista tiene que andar con 100 pesos para regalárselos a los policías. Lamentablemente, esa es la verdad”, sostiene.

Anderson Hernández, motorista en el sector Los Ríos, coincide con Valdez. “Ellos no piden papeles; tú les enseñas los documentos e igual tienes que darles sus 100 pesos. Si tú no los das, te jodiste. Yo estoy trabajando para los policías”, afirma.

Percepción

Ante la pregunta, ¿qué sientes cuando vas caminando por la calle y se te acerca un motorista?, formulada en Twitter con el hashtag #MetroRDenMoto, los usuarios coincidieron en que sienten miedo inmediatamente escuchan el ruido de un motor.

“Frustración total; busco dónde entrar u orillarme”, publica Oscalina Castillo.

Para Hailer Tomás Herrera, también tuitero, la sensación es de “pánico” al igual que Luicell Abreu a quien de inmediato “se le acelera el corazón”.

Mientras que para Ángel Beato en ese mismo momento “se arma el juidero”, a Gregorio Felipe lo primero que le llega a la mente es “Me jodí; ya me van a atracar”.

Imprudencias

Con el paso de los años, cada ciudadano dominicano tiene una percepción muy particular de los motoristas.  Algunos pasajeros los consideran personas de trabajo que llevan a las personas a esos lugares donde no llegan los vehículos, mientras que otros prefieren no confiar en ninguno porque “se disfrazan de motoconchos, mensajeros y deliverys para parecer personas comunes y realizar sus fechorías”.

También se añaden a estas percepciones –viciadas o no– los conductores, quienes coinciden en que los motorizados de República Dominicana “salen de la nada”. Este es el caso de Henry Ferreras, taxista, quien define a los motoristas como “individuos de cuidado que se han convertido en una plaga del transporte debido a que no respetan nada”.

“Otra percepción errada que se tiene es que el motorista tiene la razón. Un motorista te choca una puerta y normalmente el mismo agente de AMET (Autoridad Metropolitana de Transporte) induce a que seas tú quien le pague al motorista, aunque él no tenga placa, no tenga licencia ni tenga seguro; sin embargo, yo la tengo y él me obliga a mí a que yo me haga responsable de ese motorista y que entre en un acuerdo con él, donde la ley dice que en cada accidente se toman los documentos correspondientes porque un motor es un vehículo normal, como cualquier otro”, describe Ferreras.

“Para nadie es un secreto que todos los espejos retrovisores del mundo son los motoristas que los rompen. No eres tú que los chocas. A veces te lo rompen con el codo y entonces después que te lo rompen, no se paran ni nada, siguen normal,  como quien piensa ´eso no me afecta`”, expresa este  conductor, quien desde hace casi 10 años circula en las calles del Gran Santo Domingo y afirma que “los motoristas nunca tienen un carril. El contén, la acera, el medio y la raya amarilla, son sus carriles”.

Seguridad Ciudadana

Aunque en agosto de este año, la Autoridad Metropolitana de Transporte (Amet) y la Oficina de Técnica de Transporte Terrestre (OTTT) acordaron poner en marcha un plan para regular a los usuarios de motocicletas (mensajeros, deliverys y motoconchistas) con el objetivo de identificar a delincuentes motorizados con mayor facilidad, los robos en las vías públicas continúan a la orden del día; mantienen a la población atemorizada y en una constante ansiedad.

Según el boletín enero–septiembre 2015 del Observatorio de Seguridad Ciudadana de República Dominicana, las vías públicas y las residencias continúan siendo los lugares en los que se produce mayor cantidad de robos.

De cuatro mil denuncias por robo registrada en estos meses, alrededor de 2,619 ocurrieron en la vía pública, según esta estadística.

En estas mismas calles, escenario perfecto para los delincuentes motorizados, las autoridades del orden tienen distribuidos 16,200 agentes (policías y militares) para garantizar, en estas fiestas navideñas, la seguridad de los ciudadanos. Sin embargo, residentes de diferentes sectores de esta capital afirman que no han visto la presencia policial en las calles, pasada ya una semana de este operativo llamado “Paz en Navidad”.

En un recorrido por diferentes sectores de la capital Metro constató que en escasas avenidas se observan agentes; sin embargo, en el pulmón de las zonas más vulnerables a la problemática social de la delincuencia siguen desprotegidos.

Fuente: metrord.do