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La Palabra de Dios: Moisés: Adelante por fe

A las personas no les gusta escuchar que vivir por fe implica dificultades, pero es cierto. Cuando elegimos obedecer a Dios, a veces sufriremos y tendremos que hacer sacrificios dolorosos, como Moisés en la lectura de hoy.

 

Por haberse criado en el palacio de Faraón, Moisés debió haber sabido que cumplir con el mandato de Dios de liberar a su pueblo era humanamente imposible: el orgulloso gobernante egipcio dependía de la mano de obra de los esclavos hebreos (Ex 1.11). No obstante, Moisés hizo lo que el Señor le pidió. Y la liberación de los esclavos fue solo el comienzo. Moisés pasó 40 años liderando a este pueblo errante, intercediendo por ellos cuando desobedecían a Dios e invocando al Señor cuando enfrentaban problemas.

 

La vida de Moisés pudo haber estado marcada por sacrificios, pero fue moldeada por una relación personal con el Altísimo. Cuando surgía un nuevo obstáculo, Moisés se dirigía primero a Dios en busca de ayuda y dirección. Sus dificultades ponían a prueba su confianza en sí mismo y fortalecían su fe.

 

Esto también es cierto para los creyentes de hoy, y la Biblia enseña que nuestras pruebas también nos acercan al Señor (1 P 4.1, 2). Cuando aceptamos que los problemas son parte del andar de fe, podemos apoyarnos en Dios y acercarnos más a Él.

 

 

Fuente: Encontacto.org

La Palabra de Dios: La motivación para seguir adelante

Todos coincidimos en que la vida puede ser difícil. Las presiones de la vida cotidiana pueden parecer abrumadoras, las relaciones pueden decepcionarnos, y nuestras expectativas dejar de cumplirse. Por eso es bueno recordar que esta vida no es todo lo que hay; lo mejor está aún por venir.

 

Tener la promesa de la resurrección nos da la motivación que necesitamos para “[estar] firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre” (1 Co 15.58). Sabemos que nuestros esfuerzos nunca son en vano, y que nuestro Padre celestial nos ha proporcionado todo lo que necesitamos para lograr el éxito:

 

LA PALABRA DE DIOS revela el propósito del Señor para todos los creyentes y transforma nuestro carácter, nuestros pensamientos y nuestras actitudes para que se alineen con sus deseos.

 

EL ESPÍRITU SANTO nos guía providencialmente hacia la voluntad de Dios, y nos da la capacidad para obedecerlo.

 

LOS DONES ESPIRITUALES son dados por el Espíritu Santo, y nos permiten servir al Señor de la manera que ha dispuesto.

 

LA ORACIÓN nos permite comunicarnos con Dios en cualquier momento para recibir la guía y la gracia que nos ayudan en cada necesidad.

 

Estas admirables provisiones divinas, junto con la promesa de la resurrección y las glorias del cielo, nos dan una buena razón para perseverar y nunca desanimarnos.

 

Fuente: Encontacto.org

La Palabra de Hoy: Fe es seguridad

He tenido el privilegio de volar en varios aviones monomotores, pero ni una sola vez le hice preguntas al piloto sobre sus credenciales o de la confiabilidad del avión. Solo esperaba que él y su avión me llevaran con seguridad a mi destino. Por lo general, no nos cuesta confiar en los aviones o en los automóviles, pero a veces no confiamos en el Señor.

 

Nuestra fe en Dios es como lentes espirituales a través de los cuales vemos el mundo que nos rodea. Es posible que nuestra vista física no detecte su mano todopoderosa actuando en los acontecimientos y situaciones de la vida, pero la fe mira más allá de lo externo hacia la verdad y las promesas de las Sagradas Escrituras.

 

Nuestro fundamento está seguro en la Palabra de Dios y en nuestras experiencias en cuanto a su confiabilidad. No tenemos motivo de preocupación o incertidumbre, porque el Señor del universo es soberano sobre todo lo que sucede bajo el cielo, y eso incluye los detalles de nuestra vida. Filipenses 4.6, 7 nos dice que no nos preocupemos por nada; sino, por el contrario, debemos llevar nuestras preocupaciones y peticiones a Dios con acción de gracias y con confianza en que Él lo resolverá todo según su voluntad. Entonces su paz guardará nuestros corazones y nuestras mentes en Cristo Jesús.

 

Fuente: Encontacto.org

La Palabra de Dios: ¿Cómo nacemos de nuevo?

Ayer aprendimos lo que significa “nacer de nuevo”, pero ¿sabemos cómo se produce? ¿Es algo que nosotros decidimos, o algo que Dios nos hace? ¿Y son las palabras del Señor Jesús en Juan 3.7: “Os es necesario nacer de nuevo”, una orden o una declaración objetiva?

 

En realidad, el nuevo nacimiento necesita tanto la obra de Dios como la respuesta del hombre. El Padre celestial es quien tomó la iniciativa al enviar a su Hijo para soportar el castigo por nuestros pecados. De esa manera, Dios podía perdonarnos sin dejar de ser justo. Entonces, su Espíritu abre nuestro corazón para que comprendamos que el perfecto Hijo de Dios murió en nuestro lugar para que no pereciéramos y tuviéramos vida eterna.

 

Nuestro papel en esta relación es responder con fe, creyendo en quién es el Señor Jesús y en lo que Él hizo por nosotros. No se trata solo de un reconocimiento intelectual, sino de una completa entrega de nuestra vida a Él. Vemos nuestro pecado como una gran ofensa contra Dios, reconocemos que el Señor Jesús es nuestra única esperanza, y confiamos plenamente en Él para nuestro perdón y salvación. Él es ahora nuestro Amo y Señor, y nuestro deseo es no vivir más para nosotros, sino solo para Cristo.

 

Fuente: Encontacto.org

La Palabra de Dios: ¿Qué significa nacer de nuevo?

Existe mucha información incorrecta acerca del significado del término “nacido de nuevo”. Tal ignorancia y confusión podría tener ramificaciones desastrosas si quienes creen que han nacido de nuevo en realidad no han tenido esa experiencia.

 

En una conversación con Nicodemo, el Señor Jesús usó este término para explicar cómo se entra en el reino de los cielos. Nicodemo pensó que el Señor se estaba refiriendo a un nacimiento físico posterior, y no podía entender cómo era posible, pero el Señor estaba hablando en términos espirituales.

 

La frase griega original significa literalmente “nacido de arriba”, lo que significa que este nuevo nacimiento tiene su origen en Dios, no en el hombre. También implica nacer del agua y del Espíritu. Para entrar en el reino de los cielos, debemos ser limpiados de nuestros pecados y regenerados por el Espíritu Santo (Tit 3.5).

 

Cuando usted nace de nuevo por medio de la fe en Jesucristo, hay un cambio radical en su ser interior. Su espíritu, que una vez estuvo muerto para Dios, es vivificado por el Espíritu Santo que ahora vive en usted. Él le permite entender sus verdades espirituales y vivir en obediencia a su Palabra. Lo que comienza como una renovación invisible, pronto se hará cada vez más visible en un estilo de vida piadoso.

 

 

Fuente: Encontacto.org

La Palabra de Dios: Levantar el peso de nuestras cargas

¿Alguna vez se ha despertado de repente en medio de la noche con una carga pesada en su corazón? A veces, esta clase de peso viene del Señor y será levantado cuando Él haya logrado su propósito —por ejemplo, impulsarle a orar o una fuerte motivación para que haga la voluntad de Dios. Otras cargas son causadas por el pecado y nos agobiarán hasta que las confesemos.

 

Pero las cargas cotidianas no son para nosotros. Tendemos a pensar que estamos destinados a vivir preocupados con responsabilidades que debemos manejar sin “molestar” a Dios. Pero, en realidad, se trata de caminar obedientemente con Dios y confiar en que Él hará el trabajo pesado. La Biblia dice que debemos echar toda carga sobre Él (1 P 5.7). Debemos identificar la preocupación, entregarla y tener fe en que Dios nos sostendrá, como lo ha prometido.

 

Renunciar a nuestro control no significa que dejemos de pensar en las cargas. Seguimos llevándolas a Dios en oración, escuchando su guía y bendiciendo su nombre por ayudarnos en nuestros problemas (Sal 68.19). Pero nuestras preocupaciones no nos destruirán si están puestas sobre los hombros de Dios. ¿Está usted llevando una carga pesada? Dios quiere sostener esa carga —y también a usted— en su mano.

 

 

Fuente: Encontacto.org

La Palabra de Dios: Para derrotar a los gigantes

Los “Goliat” de la vida se presentan en todas las formas, tamaños e intensidades, tales como una relación infeliz, un hijo rebelde, un trabajo difícil, un montón de deudas o un hábito incontrolable. Pero si nos valemos del poder de Dios, entonces, como David, podemos al final tener la victoria sobre un problema que parezca insuperable.

 

Notemos que David declaró la victoria sobre Goliat antes de que comenzara la batalla (1 S 17.46). Su confianza vino de…

 

RECORDAR MOMENTOS DEL PASADO en los que el Señor lo protegió y fortaleció, como cuando un león o un oso amenazaron a su rebaño (S 17.37). Al enfrentarse al temible gigante, David recordó sabiamente lo fiel que siempre había sido Dios.

 

SUS FUERTES CONVICCIONES EN CUANTO AL SEÑOR y de lo que era capaz de hacer. David sabía que tenía pleno acceso a la provisión de poder, valentía y sabiduría de su Padre celestial.

 

LOS HÁBITOS QUE REFORZABAN SU FE. David había pasado horas a solas en el desierto, escuchando la voz de Dios. Por eso sabía discernir lo que el Señor le decía que hiciera.

 

Le animo a que trate de seguir el ejemplo de David. Lleve un registro de la obra del Señor en su vida, y medite en quién es Él. Entonces, usted podrá también estar seguro de que Dios es capaz de ayudarle, sin importar cuán grande sea el problema que enfrente.

 

 

Fuente: Encontacto.org

 

La Palabra de Dios: La importancia de la motivación adecuada

Goliat era un enemigo intimidante de Israel, y se ofreció un gran incentivo a cualquiera que pudiera matar al gigante: dinero, eliminación de impuestos y matrimonio con la hija del rey Saúl. Aunque estas recompensas suscitarían el interés de cualquier joven, David no buscaba esas cosas. Para el joven pastor de ovejas la motivación para enfrentarse a Goliat era servir al Señor.

 

Así que David gritó: “¿Quién es este filisteo incircunciso para desafiar a los escuadrones del Dios viviente?” (1 S 17.26 LBLA). Para él, desafiar a la nación escogida por Dios (Israel) era lo mismo que desafiar al propio Señor. David estaba preparado para defender el santo nombre de Yahvé y a su pueblo, incluso contra este formidable guerrero.

 

Es posible que los creyentes busquemos la victoria por motivos equivocados. De hecho, muchas razones que suenan bien son, en realidad, egoístas. Por ejemplo, “estoy cansado de la situación”, o “Señor, no puedo huir, así que tendrás que eliminar este problema”, o incluso, “si tuviera más dinero, le daría más a la iglesia”. A fin de cuentas, nuestra motivación debe ser el deseo de obedecer, servir y honrar a Dios.

 

Los “Goliat” de la vida nos suceden a todos, y pueden impedir o fortalecer nuestro caminar con el Señor. Así que, Dios le dará la victoria a los que se mantengan firmes en su nombre.

 

 

Fuente: Encontacto.org

La Palabra de Dios: Revestidos con el Señor Jesucristo

La cultura moderna nos estimula a hacer lo que queramos, pero ese enfoque solo conduce a una vida de pecado. En contraste, se nos dice a los creyentes que no satisfagamos nuestros deseos naturales o carnales. Esto significa que no nos expongamos a la tentación, ni consideremos volver a los viejos deseos, actitudes y hábitos pecaminosos que teníamos antes de conocer al Señor.

 

Cuando yo era joven en la fe, oía hablar de la santificación y de “acabar con el pecado”. Pensaba que cuando fuera mayor tendría algún tipo de experiencia espiritual que libraría mi vida de malos pensamientos. Pero no es así como funciona la santificación. Este es un proceso de toda la vida en el que el Espíritu Santo nos transforma cada vez más a la imagen de Cristo.

 

Incluso después de tres años de acompañar al Señor Jesucristo, los discípulos no podían seguir su andar de fe por su propia cuenta. Tuvieron que esperar que el Espíritu Santo morara en ellos, quien les dio fuerza, dirección y sabiduría. Eso no ha cambiado; pues sin el Espíritu de Cristo no somos capaces de vencer los deseos carnales y vivir en obediencia a la voluntad de Dios. Pero cuando confiamos en Él en vez de en nosotros mismos, Dios produce deseos piadosos dentro de nosotros, nos capacita para ser obedientes y transforma nuestro carácter a la semejanza de Cristo.

 

Fuente: Encontacto

La Palabra de Dios: La seguridad de nuestra salvación

Muchos cristianos batallan con dudas sobre su salvación. Al mirar sus fracasos, se preguntan si en realidad son salvos. El apóstol Juan escribió su primera epístola para asegurarles a los creyentes su seguridad eterna. En ella menciona tres maneras mediante las cuales los creyentes pueden autoevaluarse para ver si de verdad son salvos.

 

1. LA PRUEBA DE LA PALABRA. Los cristianos genuinos creen lo que dice la Biblia acerca de Cristo: que Él es el Hijo de Dios, que vino al mundo para morir por los pecados de la humanidad.

 

2. LA PRUEBA DEL TESTIMONIO. El Espíritu Santo habita en los verdaderos creyentes. Experimentan su obra transformadora, y Él les da la convicción de que pertenecen a Cristo.

 

3. LA PRUEBA DEL CAMINAR. La vida de Cristo fluye a través de sus seguidores, la cual es evidente en las palabras, actitudes y acciones de cada uno de ellos. Los pecados que una vez amaron ahora les repugnan, y la obediencia a Cristo es la nueva dirección de sus vidas.

 

Aunque no podemos estar seguros de la autenticidad de la fe de otra persona (Mt 7.21), Dios no quiere que sus hijos vacilen en la incertidumbre acerca de su propia salvación. Por eso, la primera epístola de Juan dice: “Estas cosas os he escrito a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna” (1 Jn 5.13, énfasis añadido).

 

Fuente: Encontacto.org