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La Palabra de Hoy: El poder de la firmeza

Vivimos en un mundo que evita asumir compromisos, donde la perseverancia es poco común. Si un trabajo es difícil o aburrido, la gente suele pensar: ¿Por qué no buscar otro? O cuando un matrimonio se vuelve infeliz, muchos se preguntan: ¿Debería estar con otra persona?

 

Dicha mentalidad también se encuentra entre los creyentes. A la primera señal de conflicto, algunos cristianos saltan a otra iglesia en vez de resolver el problema. Y cuando se trata de nuestro andar personal de fe, pocos pueden mantener la disciplina de tener un tiempo devocional con Dios.

 

Daniel fue un hombre de lealtad permanente. Ni siquiera la conciencia de que podía llegar a morir por obedecer a Dios impedía su práctica de orar tres veces al día. Tal compromiso con el Señor era notado por otros. Funcionarios y gobernadores envidiosos aprovecharon la constancia de Daniel para atraparlo, pero el rey hizo una declaración notable: “Tu Dios, a quien sirves con perseverancia, Él te librará” (Dn 6.16). Es evidente que creía que la devoción de Daniel lo liberaría.

 

La victoria de Daniel en el foso de los leones tuvo una gran influencia, ya que inspiró el decreto del rey de adorar al Señor. ¿Ha considerado que el Señor pudo usar a Daniel por su obediencia y adoración inquebrantables? Imagínese lo que Dios hará con usted al comprometerse con Él.

 

 

Fuente: Encontacto.org

La Palabra de Dios: La influencia de nuestras convicciones

Aunque nuestros círculos de influencia varían en tamaño, todos tenemos el poder de impactar a las personas en el hogar, la iglesia o el mundo. El hecho es que nuestra vida siempre está a la vista de otros, seamos conscientes de ello o no.

 

Daniel no se propuso impresionar a los demás, pero sus convicciones influenciaron a quienes lo conocieron, desde siervos humildes hasta reyes de imperios. Él se aferró a la verdad de las Sagradas Escrituras. Cuando fue llevado a la corte real de Babilonia, “propuso” no contaminarse con la comida del rey (Dn 1.8), porque sabía que comer carne ofrecida a los ídolos estaba prohibido por la ley mosaica.

 

Las convicciones de Daniel, no su entorno, determinaban su actitud. Uno siempre puede encontrar razones para transigir, pero aferrarnos a nuestras convicciones puede ayudarnos a mantenernos firmes en la obediencia a Dios. Aunque el mundo puede burlarse de nuestros valores, las personas nos pierden el respeto cuando cambiamos de opinión y cedemos a la tentación. Y lo que es peor, destruimos nuestro testimonio.

 

La convicción acerca de la verdad de Dios es como un ancla que nos mantiene firmes en las olas de la tentación y de los vientos repletos por las opiniones de otros. No dé poca importancia a su obediencia al Señor; esta puede tener una influencia poderosa sobre los demás.

 

 

Fuente: Encontacto

La Palabra de Dios: El dador fructífero

¿Alguna vez ha tenido la oportunidad de visitar Israel? Existe un fuerte contraste entre el río Jordán y el mar Muerto. Las orillas del Jordán están rodeadas de árboles y vegetación, pero muy poco crece en las cercanías del mar Muerto porque no hay ningún desagüe; el agua solo puede evaporarse. Este proceso deja minerales de sal y hace que el agua sea tan salada que no es apta para nutrir la tierra, la cual es seca y estéril.

 

Los cristianos deben ser como ríos, no como lagos estancados. Las bendiciones que Dios nos da deben ser compartidas no acumuladas. Esto se aplica a todos los aspectos de la vida, incluido nuestro dinero. Como la provisión del Señor fluye para bendecirnos, Él quiere que extendamos la bendición a quienes estén en necesidad. El resultado es una vida fructífera centrada en la glorificación del Señor y la edificación de su reino.

 

Nunca debemos temer quedarnos sin recursos, porque el Señor promete cuidar de nosotros (Mt 6.31-33). Los creyentes podemos confiar en que Él proveerá tanto los medios para vivir como lo necesario para ser generosos con los demás. Lo mejor de todo es que el Padre celestial aumentará nuestra justicia y nos usará para suplir las necesidades de nuestros hermanos en la fe, quienes agradecerán y glorificarán a Dios por nuestra obediencia (2 Co 9.10-13).

 

Fuente: Encontacto.org

La Palabra de Dios: La guía de Dios en cuanto al dinero

Cuando el Señor creó los cielos y la Tierra, llevó a cabo su plan con un propósito. Nada fue casual, demorado o incierto. Lo mismo podría decirse de sus planes para cada uno de sus hijos. Cada aspecto de nuestra vida, incluyendo nuestra economía, está bajo su ojo vigilante y su cuidado providencial. Pero a pesar de su fidelidad perfecta, el dinero es uno de los asuntos más difíciles de confiarle. Pues pensamos que podemos manejar mejor nuestro dinero que el Dios omnisciente y todopoderoso.

 

En los tiempos de Malaquías, los judíos habían dejado de confiar en el Señor. Una evidencia de la desconfianza del pueblo era que no daban los diezmos requeridos por la ley bíblica. Dios los acusó de robarle y, como resultado, estaban sufriendo dificultades económicas.

 

A veces, los cristianos encontramos que creer en el Señor para ser salvos es fácil; sin embargo, dudamos que cumplirá su promesa cuando se trata del dinero. Nuestra voluntad de darle a Dios la primera parte de nuestros ingresos o recursos es una prueba de nuestra confianza en Él. Y la verdad es que podemos esperar en el Señor porque nuestro Padre celestial promete saciar todas nuestras necesidades (Fil 4.19). Dé un paso de obediencia hoy, y descubra lo fiel que es el Señor.

 

Fuente: Encontacto.org

La Palabra de Dios: Aceptar la solución de Dios

Cuando oramos por un asunto que es muy importante para nosotros es fácil comenzar a decirle al Señor cómo debe responder nuestra petición. Todos lo hemos hecho, ¿no es verdad? Empezamos pidiendo ayuda a Dios, pero a medida que nuestras emociones entran en juego, nos apasionamos por explicar lo que queremos que Él haga al respecto.

 

El Señor promete responder a la oración (Mr 11.24), pero a veces sus respuestas no nos satisfacen. A menudo queremos alivio del dolor y la dificultad, en vez de una medida extra de gracia para soportar de una manera que glorifique a Dios.

 

El rey Josafat pudo haber esperado que el Señor respondiera su oración dándole al ejército una fuerza sobrenatural para ganar la batalla, pero la solución de Dios fue completamente inesperada. Su método fue enviar al coro a cantar alabanzas. Entonces el Señor se hizo cargo del enemigo sin la ayuda de los soldados de Judá.

 

En vez de dictarle una solución, Josafat confió en que Dios respondería la oración como a Él le pareciera. Y nosotros debemos hacer lo mismo. La oración es una oportunidad para llevar nuestras preocupaciones al Señor, y confiar en que Él responderá de una manera que le traiga gloria al Padre celestial, no a nosotros.

 

Fuente: Encontacto.org

La Palabra de Hoy: Nuestros ojos están vueltos hacia Dios

¿Cómo reacciona usted en tiempos de crisis? Si es como la mayoría de las personas, lo más seguro sea que su atención se centre de inmediato en la situación, en vez de enfocarse en Dios. Pero al olvidar al Señor y confiar en sus propios recursos para resolver el problema, perderá la oportunidad de que su confianza en Él crezca.

 

Si el rey Josafat se hubiera retorcido las manos atemorizado, en vez de concentrarse en la grandeza de Dios y en su ayuda en el pasado, Jerusalén podría haber sido capturada por los ejércitos invasores. Y por el contrario, acudió al Señor, sabiendo que ningún problema era más grande que el Dios del cielo. En su oración, Josafat magnificó la grandeza del Señor, recordó sus poderosas obras y pidió protección divina. Confiando en el Todopoderoso en la terrible situación, el rey dijo: “Nuestros ojos vueltos hacia ti” (2 Cr 20.12 LBLA).

 

Cuando usted enfrente problemas y angustias y no sepa qué hacer, recuerde ese momento en la vida de Josafat y fije sus ojos en el Todopoderoso. Lea un pasaje de las Sagradas Escrituras que describa la grandeza de Dios, cuente todas las maneras como le ha guiado y protegido, y pídale que cumpla su buena voluntad en esa situación. Luego descanse en su fidelidad, confiando en que le guiará.

 

 

Fuente: Encontacto.org

La Palabra de Hoy: Nuestro llamamiento en tiempos difíciles

Hemos estado viviendo en tiempos difíciles, y cuanto más turbulenta se vuelve la vida, más fácil es pensar en uno mismo. Pero, aunque el futuro es incierto, no podemos dejarnos consumir por el miedo y la ansiedad por cómo podríamos ser afectados.

 

Dios quiere que pongamos nuestra mente en Él, porque el Padre celestial es nuestra roca y nuestro refugio en los problemas. Cuando dependemos de nuestra limitada perspectiva, la confusión y la desesperanza son el resultado. En cambio, debemos mirar la grandeza, las promesas y los planes de nuestro Señor como se revelan en su Palabra, porque la verdad divina es nuestra ancla en las tormentas de la vida.

 

Piense en cómo reaccionó la Iglesia primitiva en tiempos difíciles. Siguieron adelante con valentía, incluso dispuestos a perder su vida porque sabían que el evangelio era la única esperanza para un mundo perdido. Cuando estalló la persecución contra ellos en Jerusalén, se dispersaron y llevaron el evangelio adondequiera que iban (Hch 8.1-4). Dios no quiere que nos retiremos del mundo y nos enfoquemos en nosotros mismos. Esta es nuestra oportunidad de dar esperanza a otros por medio del mensaje de salvación en Jesucristo.

 

 

Fuente: Encontacto.org

La Palabra de Hoy: Compartir las cargas en la Iglesia

Aunque los pastores están llamados a atender las necesidades de las personas en la iglesia, este deber no es solo de ellos. Y no tiene nada que ver con el tamaño del equipo pastoral; toda la congregación debe involucrarse en el cuidado mutuo.

 

Cada cristiano está dotado para servir a otros creyentes. Primero, Dios ha distribuido dones espirituales que nos permiten ministrar de la manera particular que Él ha determinado para cada quién. Y, segundo, es posible que usted haya pasado por pruebas similares a las que enfrenta otro creyente, lo que le califica para alentarlo y fortalecerlo. Cuando ore por su pastor y su congregación, pregúntele al Señor cómo quiere que usted ayude a llevar la carga de responder a las necesidades de otros.

 

La Iglesia es una red de hombros que soportan el peso colectivo de los problemas de todos. Cuando usted se sumerge y ayuda a sostener la carga de un hermano, otro creyente toma un poco de la suya. Aunque la contribución que usted haga puede parecer pequeña y pasar desapercibida para todos, excepto por la persona que es ayudada, el Padre celestial le ve y le recompensará por obedecer su mandamiento.

 

La próxima vez que vaya a la iglesia, pídale a Dios que le dirija hacia aquellos que podrían necesitar su ayuda. Cuando usted extiende las manos del Señor Jesús, las personas encuentran descanso para sus corazones cansados.

 

Fuente: Encontacto.org

La Palabra de Hoy: Sobrellevar mutuamente las cargas

En algún momento, todos luchamos bajo el peso de una situación difícil. Puede ser un pecado que no podemos vencer, una prueba que no cede o una necesidad que permanece insatisfecha. Sin embargo, no hay necesidad de luchar solos, porque tenemos el apoyo de nuestros hermanos en la fe.

 

Hay un ejemplo de esto en el libro de los Hechos. Los cristianos de la Iglesia primitiva unieron sus recursos para ayudar a satisfacer las necesidades materiales de creyentes que estaban en la pobreza (Hch 4.32-35). El apóstol Pablo también muestra esta preocupación por el bienestar de los demás en sus diversas cartas a las iglesias en crecimiento. Sabía que era su responsabilidad y privilegio fortalecerlas, a pesar de que él mismo experimentaba necesidades y adversidades.

 

No podemos esperar hasta que la vida esté libre de problemas para ayudar a otros; es posible que ese día nunca llegue. Aunque cada uno de nosotros tiene sus propias necesidades, es importante recordar que podemos hacer todas las cosas gracias al poder de Cristo. Y eso incluye compartir las cargas de los demás.

 

 

Fuente: Encontacto.org

 

La Palabra de Dios: Creados a imagen de Dios

El Señor da a conocer su amor por la humanidad de muchas maneras. Considere, por ejemplo, su cuidado y su bondad para con la humanidad, nuestro hermoso planeta lleno de maravillas, y el regalo de la vida eterna para los que ponen su fe en Cristo como Salvador. Pero ¿alguna vez ha pensado usted que Dios también muestra amor al transformar a los creyentes a la imagen de su Hijo?

 

Génesis 1.26 nos dice que en el principio, Dios creó a la humanidad a su semejanza. Aunque dicha imagen se arruinó cuando Adán y Eva pecaron, los planes del Padre celestial no se frustraron. Antes de que Él nos creara, el plan para la restauración de la humanidad ya estaba en marcha (1 P 1.18-21).

 

Dios proveyó la salvación mediante el sacrificio de su Hijo en la cruz. Toda persona que pone su fe en Cristo es perdonada, renace espiritualmente y es adoptada en la familia del Padre celestial. El Espíritu Santo entra en la vida de cada nuevo creyente y comienza a moldear su corazón y su mente a la semejanza de Cristo. Y en última instancia, la transformación se perfeccionará cuando nuestro cuerpo físico resucite y estemos ante nuestro Padre en el estado glorificado.

 

Pero incluso antes, Dios es glorificado por medio de sus seguidores, cuando la semejanza de su Hijo se revela en nuestro carácter, conversación y conducta a quienes nos rodean.

 

 

Fuente: Encontacto.org